“¡Aquí estoy!” Por Paco López Mejía

“¡AQUÍ ESTOY…!”

Ya en varias ocasiones les he platicado los eventos “curiosos” que ocurren en la casa de mis amigas morelianas Gena y Mary. Les llamo “curiosos”, pues ellas en realidad, así los toman; no les da miedo, o bien, ya se han acostumbrado a esos sucesos que a cualquier persona le pondrían “los pelos de punta”.
Para quienes no han leído alguno de esos relatos, les diré que Gena y Mary, son dos hermanas que viven en una colonia al poniente de nuestra ciudad, a quienes conozco de toda la vida y con quienes mi familia y yo hemos mantenido una muy buena amistad. Son dos damas ya mayores de edad, que se dedican a su trabajo, a sus rezos y diaria asistencia a la iglesia cercana, a sus tejidos, a ver un rato la televisión y a leer pues son grandes lectoras desde su infancia. Debo recordar también que, como lo he platicado, no son ajenas a las tecnologías actuales, cada una cuenta con su “Ipad” que utilizan para leer algunas novelas, y para ver videos de tejidos o de música.
Ya les platiqué en alguna ocasión la historia de los niños que vio Mary en la sala de su casa. También les he comentado que me consta que en la escalera de madera que lleva al primer piso, se escuchan claros pasos de hombre.
Pues bien, hace algunos días, recibí una llamada de mis amigas; creí que era solo para saludarme y platicar un poco. En efecto, platicamos un poco acerca de nuestras respectivas familias y de amistades en común, y terminaron contándome lo que ahora les voy a relatar, no sin antes recordarles que, como lo he comentado en otras ocasiones, la casa de mis amigas no es una casa céntrica, ni antigua, por lo que siempre he pensado que si se trata de entes del más allá o duendes o energías desconocidas, están ahí, no por la casa, sino tal vez, desde antes que se poblara esa zona.
Al parecer, anda por ahí lo que llamé en otro relato “Un duende cafetero”, pues mis amigas preparan una olla grande de delicioso café, para que les dure algunos días; sin embargo, desde hace algún tiempo, ese café se les acaba inexplicablemente mucho antes de lo planeado, y no es que ellas hayan aumentado su consumo, sino que sencillamente, cuando van a tomar la media taza de café –al que le agregan leche- que acostumbran, ya sea en la noche o en la mañana ¡hay menos café del que habían dejado! Y no es que se evapore, pues dejan el café frío y la simple evaporación, por lógica, no reduciría tanto el contenido de la olla…
Pero ellas, aunque se sorprenden, lo ven –o veían- simplemente como algo “curioso”. Sin embargo, en fechas recientes han ocurrido otros hechos notables.

Gena, la mayor de ellas, tiene la costumbre de subir a su recámara una jarrita con agua, tapada por un pequeño vaso, por si le da sed en la noche, y casi siempre toma solo un poco de agua, de tal manera que no llega a acabarse el contenido de la jarrita, y al día siguiente o a los dos días, baja la jarrita, echa el líquido restante en las macetas, lava el recipiente, y por la noche lo vuelve a llenar y a subir a su recámara. Esto lo hizo cierto día. Por la noche, subió la jarrita llena de agua, y antes de acostarse a dormir, tomó uno o dos tragos; al día siguiente, al levantarse, tomó otro poco… quedaba más de la mitad de la jarra… por la noche, después que las dos hermanas cenaron y platicaron un rato, Gena se dispuso a dormir… subió a su recámara… ¡Y de inmediato bajó con la jarrita entre las manos…!
-¡Mary, Mary… mira esto…!- le gritó a su hermana…
¡La jarrita estaba casi vacía…!
-¿Te acuerdas que anoche la subí llena?- preguntó.
-Sí, le llevaste llena… ¿se te cayó…?-
-¡No… no! La dejé casi llena y mira ahorita está casi vacía… ¡Y el vasito estaba en su lugar…!
Las dos hermanas se miraron mutuamente, sin encontrar ninguna explicación al hecho.
Pasaron unos días… Al salir de su trabajo, Gena compró pan… Siempre compra una cantidad suficiente para varios días, y lo guardan en una panera de plástico, hermética… Llegaron las dos hermanas a su casa… cenaron algo y solamente Gena comió un trozo de pan… ni siquiera fue un pan completo… al día siguiente, ambas desayunaron y comieron pan… después de guardar el pan en el recipiente hermético, salieron a sus ocupaciones diarias…
Por la noche, nuevamente llegaron a su casa, platicaron un rato, se dispusieron a cenar, y de pronto Mary, desde la cocina gritó: “¡Gena…! ¿qué pasó con el pan…?” Gena casi corrió a la cocina y vio: ¡El recipiente perfectamente cerrado…! ¡Y solo quedaban tres piezas de pan…!
Tranquilas, como son habitualmente, recorrieron la casa para revisar si había algún lugar por donde pudiera haberse introducido un gato… Pero ¡Nada…! ¡Todo perfectamente cerrado…! Y hasta ese momento repararon en que un gato no habría podido abrir el recipiente y, menos aún, volver a cerrarlo perfectamente…

Una de ellas preguntó si no habría ido a la casa la señora que asiste los sábados para ayudarles a hacer el aseo y quien es como de la familia, por lo que tiene llaves de la casa… En esa creencia, se dispusieron a cenar, sin hablar más del asunto; sin embargo, Gena decidió que al día siguiente le hablaría por teléfono a la fiel empleada para preguntarle si necesitaba algo, pues obviamente, pensaron que la señora había entrado y había tomado algunas piezas de pan. Así lo hizo, y grande fue su sorpresa cuando la señora le dijo que no; ella no había ido a la casa para nada…
Entre tanto, el delicioso café de la olla, seguía –y sigue- disminuyendo sin explicación alguna…
¡Y aquellos pasos en la escalera…! Que de pronto se oyen en otros lugares de la casa… y que a veces pasan claramente por atrás de alguna de ellas y hasta por atrás de alguna visita… Y los ruidos que parecen provenir de las casas colindantes… ¡Desde antes que hubiera casas a los lados…!
Pero en las fechas en que ha sucedido lo ya narrado, pareció que “el duende” andaba más inquieto que nunca…
Una noche, estaban las dos hermanas platicando en la mesa después de cenar… no se oía ningún ruido en la calles… “¡Paaassh….paaassh…paaassh…!” ¡Los pasos en la escalera…! ¡Claramente masculinos, fuertes, recios, y como descendiendo hacia la sala…!
Las dos se vieron una a otra… voltearon hacia la escalera… y como siempre… ¡Nada…! ¡Alguien invisible… alguien inexistente… bajó, sin que ninguna de ellas viera nada…! Pero, en fin, ya están acostumbradas… en eso…
“¡Tilín… tilín… tilín…!” ¡Unas campanillas se empezaron a escuchar prácticamente a un lado de ellas…!
¿En la sala…? ¿En el estudio…?… o tal vez afuera ¿En la cochera…?
¡No…! Como si aquello quisiera hacerse notar… nuevamente…“¡Tilín… tilín… tilín…!” Las dos hermanas volteaban hacia el lugar en que cada una suponía que se encontraba la campanilla… se preguntaban una a otra “¿Estás oyendo…?” Se quedaron petrificadas unos momentos… nunca antes se había oído algo así… ¡Y se distinguía que era dentro de la casa, pero no podían identificar de dónde provenía el sonido…!
Dejó de oírse… se dieron valor una a otra y se dirigieron a la sala… encendieron todas las luces… en ese momento…“¡Tilín… tilín… tilín…!” ¡Ahora en el comedor…! Y de pronto… ¡se fue la luz…! las dos gritaron… se acercaron instintivamente una a la otra…“¡Tilín… tilín… tilín…!” Las campanillas parecieron dirigirse al fondo de la casa… un leve movimiento de las cortinas del ventanal del comedor, pareció despedir a aquel extraño sonido….
Los focos parpadearon y como por arte de magia, la luz se restableció en ese momento…

Como para tranquilizarse, siguieron revisando la sala, el estudio, las escaleras, y hasta la cochera… ¡Pero ahí no había nada… no había nadie…!
Volvieron a la mesa sin decir nada, se preguntaban con la mirada sin encontrar respuestas… Mary pensó en ponerse a tejer, y encendió su Ipad, para ver unos videos tutoriales, mientras su hermana Gena, muy aficionada a la música, abrió su propio aparato y empezó a escuchar diversas melodías, mientra platicaban de cosas intrascendentes…
Solo en un momento una de ellas comentó “¡Qué raro ese sonido de campanitas…! ¿Verdad?”, pero no volvieron a mencionar el hecho…
Ocasionalmente, cuando Gena encuentra alguna melodía que cree que me puede gustar, me la envía y a veces también se la envía a su hermana y a sus hermanos, siempre por medio de mensajes…
Esa noche, recibí algunos videos de música romántica y de música latinoamericana, que ella sabe son de mi agrado…
Se acercaba la hora de las noticias en la televisión…
Gena dejó de ver los videos musicales… apagó su aparato como siempre lo hace, cerró la cubierta…
Se levantó de su silla, y le dijo a Mary: “Me voy a ver las noticias…” apenas había dado unos pasos, cuando de pronto… en su Ipad, que ya había apagado… que ya tenía su cubierta puesta… ¡Empezó a sonar una canción ranchera que hacía mucho tiempo que no escuchaba…! ¡Una canción que le gustaba a ella y a una antigua compañera de estudios de la que hace muchos años no tiene noticias…!
Las dos voltearon de inmediato a ver el aparato… ¡Sí…! ¡De allí salía la música…! De allí salía aquella canción que hacía tanto tiempo que no escuchaba…
-Te juro Paco- me dijo cuando me lo contó-, que yo no me acordaba de esa canción… y en verdad… ¡Ahora sí sentí escalofrío… sentí miedo…!
Casi brincó para apagar el Ipad… y en el momento en que lo iba a tomar… la canción dejó de oírse… Mary estiró el brazo y tomó el aparato, movió la cubierta… y… ¡Estaba perfectamente apagado…!
Mary casi nunca ve las noticias… ¡Pero esa noche prefirió estar cerca de su hermana, en el pequeño estudio y ante el aparato de televisión…!
Lo más curioso es que, aproximadamente dos horas después, cuando ya Gena se había retirado a su habitación para dormir… Mary recibió un mensaje… en el que su hermana le compartía ese video musical… Lo raro fue que al día siguiente, no lo pudo encontrar para enseñárselo a Gena… y lo más raro… fue que yo también lo recibí… ¡Cerca de las dos de la mañana…! ¡Imposible… yo se que a esa hora están dormidas…!
Fue como si “El Duende” quisiera decirme… “Es cierto… ¡Aquí estoy…!”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Pin It on Pinterest