“Carta Democrática Interamericana”. Por Ignacio Hurtado Gómez

Aula Nobilis

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CARTA DEMOCRÁTICA INTERAMERICANA

Por Ignacio Hurtado Gómez *

 

En honor a la verdad, la preocupación por la consolidación de las democracias no es una discusión exclusivamente de los mexicanos, sino que es algo que ha trascendido más allá de nuestras fronteras, y en esa medida habrá que reconocer que esa intranquilidad por el desarrollo de nuestro quehacer democrático también ocupa a agentes externos.

Dos premisas apuntalan esta percepción. La primera que tiene que ver con el hecho mismo de que la democracia se ha constituido como ese valor universal que nos adhiere una agenda global, algo así como la carta de pertenencia y de unión con el resto del mundo. La segunda, un poco más técnica en cuanto al reconocimiento jurídico que nuestro país ha hecho sobre derechos plasmados en instrumentos internacionales y que por tanto gozan de validez en nuestra vida diaria.

No obstante lo anterior, desde el ámbito internacional difícilmente se podría sostener una idea univoca de la democracia, por lo que se ha sugerido una resemantización del concepto con base en otros derechos, y en donde los contextos también hacen derecha, pues no es lo mismo la democracia de ciertos países con la de otros, aunque todos se consideren, en los hechos, democráticos.

Y aun y cuando coincidamos en la necesidad de las consolidaciones, así como de vivir y respirar auténticas democracias, la sola definición de ésta tiene sus aristas. En este escenario se circunscribe la “Carta Democrática Interamericana”.

Sin duda este documento internacional adoptado, paradójicamente el propio 11 de septiembre de 2001 por la asamblea general de la Organización de los Estados Americanos es fundamental para entender una visión continental en la materia, y más aún, por su contenido bien podría conducir varias discusiones necesarias dentro de nuestra actual democracia.

Veamos algunos de los contenidos de esta Carta Democrática Interamericana:

En primer lugar se enfatiza que la democracia es un derecho de los pueblos y que resulta esencial para el desarrollo social, político y económico de los pueblos de las Américas; al tiempo que se profundiza con la participación permanente, ética y responsable de la ciudadanía.

Igualmente señala que los elementos esenciales de la democracia son el respeto a los derechos humanos, el acceso al poder y su ejercicio con sujeción al estado de derecho, elecciones libres y justas, el régimen plural de los partidos políticos y la separación e independencia de los poderes públicos.

Por su parte sus componentes fundamentales son la transparencia, la responsabilidad de los gobiernos en la gestión pública, el respeto a los derechos sociales y la libertad de expresión y de prensa.

De manera muy destacada el artículo 5 de la Carta sostiene que el fortalecimiento de los partidos es prioritario para la democracia, debiéndose poner especial atención a los altos costos de las campañas electorales.

Posteriormente en las disposiciones de la 7 a la 10 establece una serie de consideraciones en torno a la democracia y a los derechos humanos, en los cuales se plantea que el ámbito idóneo para el respeto inquebrantable de los derechos humanos solo se puede dar en los espacios democráticos.

Asimismo, posteriormente vincula a la democracia con el desarrollo integral y con el combate a la pobreza, y que no viene a ser más que aquella democracia social y que en nuestra Constitución se expresa como: “sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo”.

De la misma forma establece que los Estados deberán promover la plena e igualitaria participación de la mujer en las estructuras políticas de sus respectivos países como elementos de la cultura democrática.

Y finalmente, de entre otras diversas disposiciones, la Carta consigna de manera importantísima que: Se prestará atención especial al desarrollo de programas y actividades para la educación de la niñez y la juventud como forma de asegurar la permanencia de los valores democráticos, incluidos la libertad y la justicia social.

Así pues, al menos esto es lo que señala la llamada Carta Democrática Interamericana, por lo que habrá que realizar valoraciones en su entorno y respecto a su contenido ya que puede servir de referente importante.

Por lo pronto aparece una cuestión que se considera importante y que valdría la pena dedicarle algunas líneas en el futuro y que es ese Derecho que como pueblo tenemos a la democracia, pero no a esa fincada en spots publicitarios o en la que desconoce el orden constitucional o en la que solo se funda en impedir el ejercicio de poder a costa de intereses particulares o de grupo.

Ciertamente hay y tenemos Derecho a la democracia, pero de la que reconoce a los derechos humanos como el eje fundamental de la organización societal, y que con los derechos sociales, económicos y culturales luche por la satisfacción de las necesidades más elementales de la colectividad. Tenemos Derecho a una democracia que reconozca y respete la dignidad del pueblo mexicano en su calidad de soberano.

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* Ignacio Hurtado Gómez. Es Maestro en Derecho; profesor en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Michoacana. Actualmente es magistrado del Tribunal Electoral del Estado de Michoacán.

Para una comunicación directa te dejo la siguiente opción: ihurtadomx@hotmail.com

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