“Colosio fue servidor público ameritado y político de palabra”. Por Jesús Sierra Arias

“Colosio fue servidor público ameritado y político de palabra”.

Por Jesús Sierra Arias

En estas fechas es casi obligado escribir unas líneas para rememorar la figura de un político de la historia contemporánea de México.

Priista ejemplar, servidor público ameritado, político de palabra y hoy, a pesar de su desaparición física, un personaje histórico referencial: Luis Donaldo Colosio Murrieta.

En torno a él se apilan miles de cosas escritas y seguirán acumulándose miles más.

Fue integrante de una generación que cambió a México.

En el PRI aun se tienen presentes y continúan los efectos de la XIV Asamblea Nacional, comandada por Colosio, que se desarrolló los días 1,2 y 3 de Septiembre de 1990 y en la que siendo presidente de México Carlos Salinas de Gortari pronuncio un enérgico discurso.

En esa Asamblea Nacional se hizo necesario hacer frente a la competitividad de las elecciones de 1988 dado el avance del frente Democrático Nacional y del PAN que llevaron a revisar el sistema político basado en la hegemonía, hasta entonces existente del PRI.

1988 es un año complejo, electoralmente hablando, difícil para el PRI; sin embargo, merced a esto, también motivó una seria reflexión interna por lo que la XIV Asamblea Nacional fue una especie de refundación partidista diseñada por Colosio.

El PRI de Colosio, según refiere Guadalupe Pacheco, “se reforma y convierte en un partido competitivo, con una maquinaria electoral moderna y autónoma respecto a las organizaciones e instituciones de control social, el régimen mexicano estará en condiciones de iniciar un proceso de transición democrática. El elevado nivel de institucionalización del sistema político mexicano jugará un papel muy positivo en ese proceso de cambio, al asegurar un alto margen de estabilidad política”.

Colosio encabezó este cambio y de la mano, primero del PRI, y después en el servicio público federal, recorrió cada parte del territorio nacional, que le permitió conocer a México y a su gente, particularmente a los priistas, a quienes, incluso, conocía de nombre porque los trató, los hizo suyos y los convirtió en sus representantes personales no sólo en la elección, sino para toda la vida.

Afecto a convivir. Aun no sé si él con los suyos o los suyos con uno como ellos al que consideraban como su alter ego.

No distingo claramente si fue un político querido por su cercanía con ellos o un ídolo surgido de la esperanza y el cariño que fomentó. Lo único de lo que atino a echar mano para explicar tal identidad es a la célebre frase, ahora inmortal, que aún sigo escuchando después de 24 años como si fueran la primera vez: “Reitero que provengo de la cultura del esfuerzo y no del privilegio. Como mis padres, como mis abuelos, soy un hombre de trabajo, que confía más en los hechos que en las palabras”.

Colosio se enraizó entre el priismo tan profundo y tan fuerte que aun, hoy pienso, que pese a ser un árbol caído, sus raíces permanecen vivas como si se tratara del más frondoso de los robles.

Hasta ahora no conozco un político que lo iguale en cariño y aprecio entre la militancia.

Pese a su muerte, Colosio ganó la elección presidencial de 1994 y Zedillo el beneficiario directo. Qué bueno.

El 6 de marzo de 1994, consecuentemente con lo resuelto en a XIV Asamblea Nacional, Colosio, en el mas famoso de sus discursos, refirió: “Encabezaremos una nueva entapa en la transformación política de México. Sabemos que en este proceso, solo la sociedad mexicana tiene asegurado un lugar. Los partidos políticos tenemos que acreditar nuestra visión.

Hoy vivimos en la competencia y a la competencia tenemos que acudir, para hacerlo se dejan atrás viejas prácticas; las de un PRI que solo dialogaba consigo mismo y con el gobierno, la de un partido que no realizaba grandes esfuerzos para ganar.

Como un partido en competencia, el PRI hoy tiene triunfos asegurados, tiene que luchar por ellos y tiene que asumir que en la democracia sólo la victoria os dará la estatura a nuestra presencia política”.

Lo memorable de este discurso sólo se explica porque lo pronunció un priista profundamente convencido de que la transformación era inevitable y que el cambio que se avecinaba había que conducirlo para no ser arrollado por él.

No fue un discurso premonitorio sino producto del conocimiento de las limitaciones del sistema y de la apuesta por la transformación.

Lo venturoso de sus palabras fue el arrojo y gallardía con las que fueron pronunciadas ya que la voz de Colosio no era la de ningún pelele, sino las del hombre que conoció las entrañas del poder político y de México al que aspiraba a gobernar. Era la voz del hombre que había estudiado al país, que había ejercido el poder público y que se había ganado a pulso el cariño de los votantes.

La fuerza de las palabras de Colosio provenían de su preparación académica y política, así como de la legitimidad que día a día se había ganado tomando decisiones, muchas de ellas dolorosas como en Baja California, en Guanajuato, en Michoacán, en el Estado de México y otros tantos lugares pero que, pese a ello, siempre fueron acompañadas del conocimiento político, de la solidaridad partidista y del acompañamiento al amigo, que hicieron más llevadera la dolorosa realidad política.

Quizá por esas cualidades es que se le extraña hoy en día.

Colosio, fue hombre de excepción y excepcional. Fue hombre no sólo de su tiempo, sino también del nuestro y de los que vendrán.

Sus palabras e ideas siguen siendo vigentes porque sigue siendo real que “Nadie podrá sustituir nuestro esfuerzo. Nadie podrá asegurarnos un papel en la trasformación de México si nosotros no luchamos por el, si nosotros no lo ganamos ante los ciudadanos”.

Sirvan las palabras, las acciones y la vida de Colosio para recordarnos que México sigue padeciendo males que limitan su grandeza; que México sigue teniendo esperanza en un futuro diferente y mejor para los mexicanos de hoy y del futuro; que en México sigue habiendo gente buena y capaz de hacerle frente a la corrupción, a la simulación, al engaño al fraude y a todas esas prácticas nocivas que dañan y afectan la inteligencia y la dignidad de las personas.

Que mal que siga habiendo malos, pero que bien que siga habiendo buenos que los enfrenten; qué bien que los buenos nos den muestra de que vale la pena luchar para transformar la realidad que no nos gusta o que nos ofende.

Qué bien que a pesar de las balas, siga habiendo buenos y persista la esperanza.

Qué bueno que ahí esta Colosio para recordarnos esto todos los días.

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* Jesús Sierra Arias. Es abogado de profesión. Ha sido asesor jurídico del Poder Legislativo; consejero del Poder Judicial de Michoacán; secretario de Educación en Michoacán; y, secretario Ejecutivo para la Implementación del Nuevo Sistema de Justicia Penal.

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