“El contenido irracional, el hartazgo social y el voto útil rumbo a la Presidencia de México”. Por Jesús Sierra Arias*

El contenido irracional, el  hartazgo social y el voto útil rumbo a la Presidencia de México

Por Jesús Sierra Arias*

He venido observando el desarrollo del proceso electoral en el que estamos inmersos. Puedo concluir, antes que nada, que en este momento no hay un ganador de la contienda presidencial como ya muchos se atreven a afirmarlo.

Al respecto debo confesar que he cruzado ya varias apuestas, pues sostengo que el que hoy se dice que ya ganó la elección no será el que obtenga la mayoría de los votos el primero de julio por la noche.

Hoy, cuando menos 6.5 de cada 10 mexicanos no votará por el candidato de Morena y cada día que pasa se aprecia que disminuye esa base de votantes. Razones para ello existen varias y no es el propósito destacarlas a detalle. Basta con conocer los números antes comentados.

Casi un 30% de ciudadanos encuestados no ha decidido su voto pero afirma que si votará, lo cual significa dos cosas, una, que no votará por ya saben quien, y dos, que lo hará pensando en un voto útil y eso lo decidirá en los últimos días de la elección o en el mismo momento de la votación.

En este contexto, entonces la lucha electoral de las últimas semanas estará orientada a conquistar el voto útil, el indeciso, el que no ha sido impactado por nadie pero que si le interesa un futuro sin populismo y con cierta certidumbre.

No soy proclive a la ofensa ni la descalificación por sistema, ni aun cuando frente a mi tenga inconsecuentes o verdaderos fanáticos. Tampoco me agrada ser pasivo y trato de discutir razonablemente o, al menos, defender lo que pienso; sin embargo, debo de reconocer que este proceso, en mucho, está desprovisto de la razón y en cambio se ha cargado de contenido irracional y de un hartazgo también incomprensible.

Es verdad que la mayoría, por no generalizar, estamos hasta la coronilla de la corrupción. Como muchos, soy un ciudadano que trabaja todos los días y pago impuestos y me enfurece que tipos sin ética se disfracen de servidores públicos y hurten, literalmente, los recursos públicos. Por tanto, comparto la indignación y coraje por la impunidad ante los corruptos, pero no coincido que para combatir este mal publico tengamos que hacerlo con fanatismo e irracionalidad. Con eso nada nos ganamos.

Muchos no logran advertir que en lugar de propuestas serias, razonables y cumplibles, y se aferran a quién sólo simplemente lanza consignas sin sustento financiero ni razón.

Me resulta imposible confiar en alguien que afirma que los problemas de fondo se van a resolver evitando que la corrupción consuma 500 mil millones de pesos, eso simplemente es un dislate. Bueno, ni un Julio Verne que tenía tanta imaginación se atrevería a eso; en todo caso era ficción, pero esto es diferente, esto es un problema real.

Confieso que por momentos pienso que he vivido en un error y que habíamos abandonado el fanatismo y el engaño colectivo de tiempos ya superados por pensar que vivimos en una sociedad más despierta e informada.

Me doy cuenta que no es así del todo, aunque me contento pensando que no es la mayoría la que puede ser manipulada y empujada a “creer” en falacias que están fuera de la realidad, tal como lo están las leyendas del cine de ficción.

Afortunadamente, aparte del voto duro del PAN, el PRI y el PRD, también existen los indecisos y, como dije no son pocos, sino millones que darán una lección a quien confía ciegamente en las encuestas.

Veo a los conductores de televisión o escucho a los de la radio casi pontificando y haciendo vaticinios como si estuvieran frente a una bola de cristal vaticinando el futuro y me preocupa por los que pronostican, pero luego se me pasa, como a la ranita, porque me acuerdo que esos eran los mismos que se atrevieron a adelantar triunfos que nunca ocurrieron en los Estados Unidos de America, Francia, Colombia y en otros tantos lugares en los que pasaron las cosas totalmente al revés a cómo se decía en las encuestas.

Siempre he dicho que las elecciones son cuando lo establece el calendario electoral y no cuando a los “analistas” se les pega la gana.

La campaña es para contrastar ideas y para desenmascarar a quien se aprovechó del campo abierto cuando ni había proceso electoral, ni había candidatos. Hoy que ya hay contendientes se nota que una cosa es andar de perdona vidas y otra dibujar el proyecto de una nación.

Falta poco más de un mes para la elección y mucho es lo que habrá de ocurrir, así que no nos desesperemos en adelantar vísperas.

El talento y la condición de gobernante no adquieren adelantando tiempos electorales, ni campañas, sino preparándose en la academia y ejerciendo el gobierno. La experiencia no se adquiere prometiendo el oro y el moro, sino afrontando los problemas cotidianos con lo que se tiene a la mano.

Por lo pronto y en lo que llega el día de la elección sólo me queda por decir que lo bueno es que hay indecisos en este proceso electoral, porque serán quienes decidirán el futuro de México.

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* Jesús Sierra Arias. Es abogado de profesión. Ha sido asesor jurídico del Poder Legislativo; consejero del Poder Judicial de Michoacán; secretario de Educación en Michoacán; y, secretario Ejecutivo para la Implementación del Nuevo Sistema de Justicia Penal.

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