“El mensaje”. Por Paco López Mejía

EL MENSAJE…

Por Paco López Mejía

En mi anterior relato, les platiqué la historia de Tito, el niño de una ciudad del norte del país, que le platicó a la Psicóloga Yenny, que en las celebraciones de la Noche de Muertos, ellos, los que han trascendido, están cerca de sus familiares; que siempre que ha ido al panteón los ve, se le acercan a darle mensajes… que en la Noche y en el Día de Muertos, allí están, rodean a sus familias, los abrazan, los acarician…
Tito, veía lo que los demás no podían ver…
Pero, ya había llegado a la Secundaria… Era un niño de despierta inteligencia…
A pesar de ello, se distraía en las clases, algunos profesores le llamaban la atención, pues parecía distraerse con cualquier cosa –según los profesores- y de pronto, parecía ver algo en el aire o frente a él, o a un lado… algo que los demás no veían… sacudía la cabeza… movía las manos como queriendo apartar algo que le incomodaba…
Los maestros pensaban que Tito, sólo era un niño distraído… ¡Como hay tantos y como fuimos muchos…!
El periodo lectivo se iniciaba… Tito, con todo ese temor, esa curiosidad y ese “querer conocer” lo nuevo, llegó a la escuela… no conocía a nadie… su hermano mayor había asistido a otra escuela Secundaria y además, era nuevo en la colonia…
El primer día fue, así, como todos los “primeros días” que recordamos… Conocer la escuela, empezar a conocer maestros, tratar de encontrar a algún compañero de la Primaria…Saber en dónde están los baños…
Los baños… El primer día, Tito conoció la escuela y, como es obvio… fue al baño… apenas entrando… vio una sombra que se deslizaba rápidamente… se detuvo… volteó hacia todos lados… ¡Nada…! Se adentró al espacio de los sanitarios lentamente, como lo hace cualquier persona –y más un niño, bueno, un jovencito- cuando entra a un sanitario en un lugar desconocido… Pero Tito estaba consciente que el no era “cualquier persona”… Sabía… que él veía…
La mañana transcurrió con todas las novedades propias, y olvidó el suceso…
Pasaron unos cuantos días…
Otra mañana, en el primer receso se dirigió al baño… al entrar, sintió que algo o alguien iba tras él… volvió la cabeza… No había nadie… entró a los sanitarios, volteó para cerrar la puerta… ¡Y aquella sombra pasó a su lado… sintió el airecillo de su paso…! A pesar de que ya sabía de qué podía tratarse, no pudo reprimir el escalofrío que corrió por su menudo cuerpo…. Recorrió con la vista los sanitarios… pero no volvió a ver aquella sombra…

Dos o tres días después, en el patio, en clase de educación física, en pleno partido de Basquetbol, en el momento en que debía recibir el balón que le lanzó un compañero… a su lado… sintió un vientecillo frío… perdió el balón por voltear y… ¡Sí…! Junto a él estaba aquella sombra… pudo ver claramente que se trataba de una mujer…
Tito sabía…
Tito sabía… de qué se trataba…
Ya muchas veces, en la calle, en su propia casa, había visto aquellos seres que, a veces, solo se cruzaban con él, pero que, otras veces se acercaban y trataban de hablarle con palabras que no entendía… y otra veces con una claridad sorprendente le pedían dar un mensaje a personas que Tito no conocía… pero también a otras que sí conocía… Tito se había asustado cuando era más pequeño, pero después, cuando supo que tenía aquel “don”, trató de reprimir su miedo… aunque muchas veces no lo lograba…
Casi todos los días la veía… en el patio… en los sanitarios… en cualquier clase… lo distraía… Tito trató de distinguir sus facciones, sin lograrlo… era solo una sombra… una sombra que a veces, dejaba un discreto perfume que Tito no conocía… y que, al parecer, nadie más percibía…
Los profesores empezaron a llamarle la atención… para ellos, Tito era solo un niño distraído… Dos de los maestros le dieron sendos “recados” para sus padres, quienes acudieron a hablar con ellos, y se limitaron a prometer que “lo regañarían”… Tito ya les había contado lo que le distraía…
Apenas había pasado poco más de un mes de haberse iniciado el curso, la mamá de Tito se presentó a la escuela y solicitó hablar con la Psicóloga…
Yenny, aunque no lo conocía, ya tenía conocimiento de que Tito era un niño “distraído” recibió a la madre del jovencito… nuevo en la escuela y la Psicóloga, aunque había cursado la secundaria en la misma institución, realmente era … ¡Nueva en ese trabajo…!
-He tenido alguna queja de que su hijo se distrae mucho en clase…- dijo Yenny, apenas después de saludar a la mujer, pues creía que acudía por las quejas de los maestros.
-Por eso quiero hablar con usted… –repuso la mamá de Tito-
La profesionista pensó de inmediato que tal vez, algún niño molestaba a Tito y se dispuso a escuchar las quejas de la señora…

-Hay algo o alguien que molesta a mi hijo…
-Eso me imaginaba- repuso algo satisfecha Yenny- ¿Y sabe qué compañero lo molesta…?
-No es un compañero…- dijo segura la señora…
Aquello alertó a la Psicóloga… Pensó que tal vez alguien del cuerpo docente o del personal administrativo…
-No es un compañero…- continuó, ahora algo temerosa la mujer- Es que mi hijo ve a los muertos…
Yenny casi brincó de su asiento… pensó que la mamá de Tito pretendía burlarse de ella, o tal vez justificar con una fantasía las distracciones de su hijo… Pero, al fin experta, dejó que la mujer prosiguiera…
La señora le platicó todo lo que había sucedido a Tito, desde pequeño, y la forma en que tuvieron conocimiento del “don” del pequeño… Yenny no podía creer lo que escuchaba, pero alentó a la afligida madre para que le dijera lo que sucedía en la Secundaria…
-Es que desde que entró a la Secundaria- dijo la mujer- hay un ser que lo sigue, que lo molesta, que lo distrae en clase…-
-Y ¿Yo qué puedo hacer?- Preguntó Yenny tratando de que no se notara el temblor de su voz…
-Es que ese espíritu… quiere hablar con Tito… quiere dar un mensaje…
Yenny abría los ojos cada vez más… no sabía si creer aquello o no… su formación científica se lo impedía… pero su curiosidad –también científica- y su deseo de ayudar al jovencito, la llevó a preguntar: -Y ¿Yo qué tengo que ver o qué puedo hacer o, dígame, en qué puedo ayudar? Quiere hablar con él… ¿Cuál es mi papel en todo esto…?
– Es que la “sombra” le indica que tiene que estar un adulto… un adulto que trabaje en esta escuela… ¡Y creemos que usted es la indicada…!
Yenny, con todo y su formación profesional, sintió que se hundía el piso… pero tomando su preparación y profesionalismo como escudo le ofreció que en la primera oportunidad hablaría con Tito…
Al día siguiente, apenas entrando a la escuela, Yenny vio a un alumno en el centro del patio… la veía con una mirada profunda que la impresionó, pero decidida, se dirigió a él; le preguntó si era Tito, y lo invitó a su oficina…
Tito le refirió lo que ya le había platicado su mamá… Yenny empezó a entrevistar en forma profesional al chiquillo, quien le refirió lo que he platicado antes… de pronto, hubo un leve movimiento en la puerta que sobresaltó a Yenny…y sintió un extraño frío a su lado… un tenue perfume llegó hasta ella… un perfume que le recordaba a alguien… pero no sabía a quién… se percató que el niño veía hacia su lado derecho y de pronto le dijo: “¡Aquí está… está a su lado…!” Yenny trató de aparentar una calma que no sentía…

En eso, una maestra se asomó a la puerta y pidió hablar con ella… La Psicóloga, sintiendo las piernas temblorosas, se levantó para atenderla y mientras hablaba con la profesora, se dio cuenta que la pantalla de su computadora ocultaba a Tito, no lo veía, despidió como pudo a la maestra y se acercó a él… estaba como en trance… agachado… con los ojos cerrados… Yenny dudaba entre hablarle o no… en eso, el jovencito pareció despertar sobresaltado… respiró como si no lo hubiera hecho durante largo rato… y dijo tranquilo: “¡Ya… ya me habló… me dio un mensaje y prometió no molestarme más…”
– La señora se llama Lena y trabajó aquí, en la escuela…
Aquella afirmación hizo que Yenny casi brincara de su asiento… un sudor frío recorrió su espalda… Aquel perfume… aquel tenue aroma que percibió momentos antes… le recordó a Lena… Una empleada de la escuela a quien conoció cuando cursó la Secundaria… Con todo el temor que aquello le produjo, lo instó a que prosiguiera… El jovencito describió minuciosamente a quien había hablado con él…
– Quiere que le diga al maestro Lencho… que está bien… que va a velar por sus hijos…-continuó con toda seguridad Tito…
Yenny sintió que desfallecía… ¡Era imposible que Tito hubiera conocido a Lena… Tampoco al maestro…! Tito era nuevo en la escuela… Su hermano no había sido alumno de la institución… y además, su familia había llegado a vivir en la colonia apenas un mes antes del inicio del ciclo escolar… ¡Imposible…!
Lena había fallecido varios meses antes en circunstancias trágicas… El maestro, su esposo, se había pensionado enseguida para atender a sus hijos…
-Prométame, “maestra”, que nadie va a saber que yo veo…-Dijo el niño con voz temblorosa… -no quiero que me vean como un fenómeno… no quiero preguntas… no quiero dar mensajes…
Yenny, lo prometió… y lo cumplió… nunca dijo nada…
-Nunca dí el mensaje, y el maestro falleció poco tiempo después…Mi obligación, era preservar la seguridad y la tranquilidad de mi alumno…- Me dijo Yenny, a quien agradezco este relato…

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