“El PRI perdió todo y aún no sucede lo peor”. Por Jesús Sierra Arias

 

Por Jesús Sierra Arias*

Hace poco más de un mes se realizó la elección concurrente más grande que hemos tenido. En Michoacán sólo no elegimos gobernador.

De los resultados…ni hablar. Me la he pasado pagando apuestas todo el mes de julio.

¿La causa? Siempre estuve convencido que ganaría Meade.

No debemos ni podemos ocultar que para el PRI las cosas no salieron bien, y se debe a la percepción de corrupción del gobierno federal y de varios gobernantes estatales que defraudaron la confianza ciudadana. Los medios de comunicación dieron cuenta de eso hasta que se cansaron.

Desde septiembre de 2014 las cosas empezaron a complicarse con el tema de la Casa Blanca y todos las demás asuntos que poco a poco fueron saliendo a la luz pública. El gobierno federal se fue enredando entre una imagen negativa y un pésimo manejo de la crisis, de la cual el PRI terminó pagando los platos rotos durante todo el proceso electoral, particularmente el día de la elección.

Por si eso no fuera poca cosa, los que diseñaron el proceso le agregaron un ingrediente más perjudicial para el priísmo. Una pésima conducción del proceso interno que resultó, en su mayoría, con candidatos mal apreciados tanto por el priismo como por la ciudadanía.

Durante el contienda intrapartidista, se hicieron de un lado a personas que venían construyendo candidaturas naturales y, en su lugar, se dio paso a postulaciones sin arraigo o con escasa aceptación. Los priístas se quedaron esperando que se presentaran a la elección los que daban hecho que serían sus abanderados.

Además, hubo una deliberada distorsión de la realidad del trabajo de los comités directivos por parte de las personas cercanas a la entonces dirigencia nacional, ocasionando incluso que se les retirara la confianza para conducir el proceso interno y ello lo operara el nivel nacional, sin información fidedigna, a control remoto en la delicada tarea de postular candidatos. Craso error. Esto significó la puntilla del distanciamiento entre la militancia y la dirigencia nacional. Ocasionó enojo, indignación y, por supuesto, abandono de filas.

La operación política durante el proceso electoral no fue contundente. No hubo control sobre los candidatos.

No se logró articular a las distintas campañas y cada candidato hizo lo que consideró mejor. Esto ocasionó amontonamiento de eventos, simulación, cansancio de estructuras, competencia de egos o desdén de territorios.

La imagen del candidato presidencial, en cuanto a propaganda, fue insuficiente y tardía. Contadas ocasiones se le vio recorriendo calles, pues casi todos sus eventos fueron en lugares cerrados con acceso controlado, parecía que le temía al electorado abierto.

Siendo el más preparado de los candidatos y el de mejor imagen, no logró revertir la distancia existente entre su campaña y el priísmo nacional, producto de un permanente manejo de decisiones en manos de los técnicos cercanos al ejecutivo federal. Parecía que él no tomaba las decisiones fundamentales; eso estaba reservado a su coordinador o al dirigente del partido.

El PRI no logró arrancar las banderas populares al partido que ganó la elección presidencial, al contrario, la gente percibía al PRI como su enemigo. Así lo vieron siempre y esa percepción fue irreversible.

El voto duro del PRI no fue suficiente, éste se redujo sustancialmente por las malas decisiones del proceso interno. Muchos candidatos de otros partidos salieron de sus filas como resultado del descontento a un proceso interno opaco e inequitativo, llevándose con ellos una buena cantidad de militantes que mucha falta hicieron en la jornada electoral.

Lamentablemente aún no sucede lo peor.

Cierto, el PRI perdió todo. Sin embargo, viene algo mas difícil cuando el primero de diciembre cambie la estafeta del poder ejecutivo federal.

La pregunta es: ¿Cuántos militante más se van a ir en busca de estabilidad económica y sucumbiendo ante la expectativa de permanecer a cambio de transformar su vocación ideológica?

De no entender esto; de seguir buscando responsables del resultado sin un sentido constructivo y pretendiendo sólo quedarse con el cascarón de una membresía, vamos a perder el tiempo para echar la red que evite la desbandada de diciembre, y que podría ser fulminante para el PRI.

Lástima que no somos acuciosos; que pena que no nos damos el tiempo para analizar las cifras del resultado electoral. En Michoacán por ejemplo, el partido solo, sin nadie mas obtuvo 361,00 votos en la elección municipal y es la primera fuerza electoral; en la elección de diputados obtuvo 333,000 votos, siendo así la segunda fuerza.

¿Esto qué significa? Que con todo y no haber obtenido espacios de elección el PRI tiene suficiente fuerza para reconstruirse sólidamente.

Al PRI le ganaron las combinaciones de los frentes y las alianzas, esto no lo debemos soslayar.

¿Hay que reconstruir? Claro que si.

¿Hay que analizar y ser autocríticos? Claro que si.
¿Debemos autoflagelarnos? Desde luego que no. Jamás.

El único partido que en el 2021 puede ofrecer una verdadera competencia contra MORENA será el PRI. Esto lo sabe Andrés Manuel y sus operadores, al igual que lo sabemos nosotros, y en ello radica la tarea fundamental: evitar que nos roben, nos conquisten, con copten o simplemente se lleven los liderazgos que le dan fuerza al PRI.

Debemos aprender y basta con voltear a ver la Ciudad de México. Cuando el PRD, ahora MORENA, ganó la jefatura de gobierno, misma que ha mantenido hasta hoy, simplemente el PRI no se ha recuperado y la causa es porque lo desfundaron, le arrebataron sus fuerzas básicas de operación político-electoral.

Compañeros, no perdamos el tiempo en reyertas inútiles, hagamos un acuerdo de cohesión política, despojémonos de los lastres de todo tipo y diseñemos las plataformas que nos permitan volvernos a aliar con la sociedad.

Busquemos a los nuevos cuadros que le habrán de dar nombre y rostro a la lucha electoral del 2021.

Busquemos la reconciliación. Un paso a la vez. Primero estabilidad interna y después todos los cambios que sean necesarios y suficientes.

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* Jesús Sierra Arias. Es abogado de profesión. Ha sido asesor jurídico del Poder Legislativo; consejero del Poder Judicial de Michoacán; secretario de Educación en Michoacán; y, secretario Ejecutivo para la Implementación del Nuevo Sistema de Justicia Penal.

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