¿Gente sombra…? Por Paco López Mejía

¿GENTE SOMBRA…?

Por Paco López Mejía

En realidad, nunca le había dado importancia a lo que brevemente les voy a platicar, pero la tecnología que está al alcance de todos, o de la mayoría, como los teléfonos celulares o las cámaras digitales, han puesto también al alcance de muchos la posibilidad de ver lo que antes sólo algunos “veían”; así, se han logrado “accidentalmente”, fotografías de seres u objetos que antes se creían fruto de la imaginación y, en el peor de los casos, del desequilibrio mental de quienes los mencionaban.
Esto viene a cuento porque hace dos o tres semanas vi en un programa de televisión, algunos videos verdaderamente impresionantes y que me recordaron algo que le ocurrió a un amigo precisamente en nuestra querida Morelia.
Ya les he platicado que en un curso de naturismo que tomé hace tiempo, entablé amistad con un compañero a quien apodamos “El Chamán”, ya que se dedicaba a la brujería, concretamente, según decía, a combatir los daños causados por practicantes de la brujería. Ambos, hicimos amistad con otro compañero que era médico homeópata, aunque en realidad era una especie de científico-investigador un tanto excéntrico, y a quien todos llamábamos simplemente “El Doctor”, y no porque fuera el único médico en el curso, sino porque sus opiniones, sus intervenciones, eran verdaderamente ilustrativas. Los tres nos reuníamos en los recesos, y salíamos a comer juntos, por lo que tuve oportunidad de aprender mucho de ellos, y también de escuchar anécdotas curiosas e increíbles.
El Chamán y el Doctor, conocían bien nuestra ciudad. El primero, porque era originario de un municipio al oriente de nuestro estado y había estudiado la Preparatoria en Morelia; y, el Doctor, porque después de estudiar en Guadalajara, había trabajado un tiempo en Morelia, pero siempre inquieto, en la época en que lo conocí y traté, vivía y tenía su consultorio en la ahora llamada Ciudad de México… La última vez que supe de él, me enteré que vivía nuevamente en nuestra Bella y Señorial ciudad.

Pues bien, una vez el Doctor nos platicó algo que le sucedió en Morelia, a lo que nuestro amigo el Chamán dio una posible explicación desde el punto de vista de la brujería, y yo sencillamente, no pude aventurar explicación alguna, aunque ahora, después de ver el programa de televisión al que me referí al principio, me inclino a pensar que lo que vio el Doctor –a mediados de la década de los 90’s-, fue algo que recientemente ha sido captado con ayuda de las modernas tecnologías…
Deslumbrado por la belleza de la ciudad en la que había decidido ejercer su profesión, el Doctor acostumbraba pasear por los más diversos rincones morelianos cada vez que podía hacerlo… Vivía por el rumbo de San Juan y le gustaba mucho pasear por la Calzada y adentrarse por el Callejón del Romance; aunque también le gustaba pasear por el centro, admirar la Catedral y recorrer el Jardín de Las Rosas… También paseaba ocasionalmente por El Carmen y San José… En fin, era un caminante empedernido y un admirador de las bellezas de Morelia… Aunque, definitivamente, su paseo favorito, era recorrer el Acueducto por la mañana y sobre todo en las horas postreras del día y admirar a través de los pétreos arcos la puesta del sol, con esos colores que solo el cielo y las nubes de Morelia tienen y las hermosas pinceladas de fuego que el sol occiduo pone en las canteras rosas…
Cuando podía por la mañana, hacía el recorrido desde Las Tarascas hasta el Jardín Morelos, caminando por la banqueta al pie de los arcos… algo de allí le atraía… aunque también, muy ocasionalmente, caminaba por la orilla del Bosque…
Una mañana que había iniciado con esa llovizna suave y silenciosa tan moreliana, decidió hacer su recorrido por el Acueducto y cuando llegó a Las Tarascas, la ligera pero constante llovizna se había esfumado… el sol empezaba a evaporar el agua en el suelo, y la vista era preciosa: los arcos de cantera rosa con sus colores realzados por la humedad, se veían levemente difuminados por el vapor que se elevaba desde el suelo…

El Doctor, embelesado por aquella imagen, empezó a caminar por la banqueta norte de la Avenida Acueducto… no se decidía a tomar su ruta habitual a los pies de los arcos, para no perder aquella visión de ensueño… El Acueducto se extendía frente a él como saliendo de una ligera nube… como saliendo, precisamente… de un sueño…
Pocos vehículos pasaban… casi no se veían paseantes… se detuvo a la altura de la Casa de la Leyenda de la mano en la reja… vio hacia los hermosos arcos… de pronto… ¡Una sombra…! ¡Una sombra pareció salir por abajo de un arco y perderse en la gasa vaporosa cada vez más tenue…!
¡No… no era una persona… era simplemente… una sombra…!
El Doctor pensó de pronto que su vista le engañaba… cerró y abrió los ojos dos o tres veces… ¡Ya no se veía nada…!
Dudó entre continuar por la banqueta o dirigirse a los pies del Acueducto…
Algo lo hizo continuar por la banqueta… pero antes de terminar esa primera cuadra… unos cuatro o cinco arcos más adelante… ¡Nuevamente…! ¡Aquella sombra pareció salir de la nada y caminar junto a los arcos…! Parecía salir de abajo de un arco y avanzar precisamente por el lado norte del añoso Acueducto… Parecía moverse, sin que se viera movimiento alguno de piernas o pies, hacia adelante, como si llevara la misma dirección que nuestro protagonista… era una sombra visible, aunque leve, suave, tal vez por el efecto de la luz de la mañana…
El sol había terminado su labor y la muy tenue neblina causada por el vapor, había desaparecido…
El Doctor se detuvo al llegar a la esquina de Fray Diego de Basalenque… volteó hacia atrás, hacia el lado de Las Tarascas, solo para cerciorarse si sus sentidos le habían hecho una broma… no vio nada extraño… cruzó la angosta calle… siguió caminando viendo siempre hacia el hermoso Acueducto, con un ligero sudor frío recorriendo su espalda… Recorrió casi media cuadra sin ver nada extraño…
Y de pronto, frente a él, nuevamente al pie de los pétreos arcos, vio pasar rápidamente aquella sombra… ¡se metió bajo un arco y en la penumbra del mismo, se perdió…!

El Doctor sintió un escalofrío recorrer su cuerpo, pero pudo más su espíritu inquieto e investigador, y corrió hacia la banqueta al pie de los arcos para tratar de descubrir qué era aquello que había visto, pasó bajo un arco y vio hacia el lado de la Calzada Ventura Puente… ¡Ahí no había nada…!
Volteó de inmediato hacia atrás, y en ese momento, junto a él, a escaso metro y medio, la sombra casi desvanecida por la luz brillante del sol, pareció meterse por atrás de una de las columnas… Nuestro protagonista vaciló entre seguirla o correr… ¡Y no pudo hacer ni lo uno ni lo otro…! ¡Simplemente, sus piernas no le obedecían…! ¡Se quedó inmóvil…!
El motor de un automóvil que pasó veloz a su lado, pareció despertarlo de aquel letargo, de aquella impresión… se asomó hacia el pie del arco en que había visto ocultarse a aquella sombra… ¡Pero no había nada… nadie…!
Desconcertado, se dirigió hacia el Jardín, y lo más rápido que pudo, hacia la Calzada…
Nunca pudo explicarse qué fue lo que vio aquella hermosa mañana…
Y, aunque durante el tiempo en que vivió en nuestra ciudad repitió varias aquel recorrido, tanto en la mañana como al atardecer, nunca volvió a tener esa rara experiencia.
Nuestro amigo El Chamán, nos dijo que aquello podía tener relación con alguna persona que había “perdido su sombra” a causa de “un trabajo” de brujería que le hubieran hecho, aunque no estaba muy seguro de ello, pues nunca había tenido un caso de ese tipo.
Ahora bien, como dije al principio, ya en esta época de avanzadas tecnologías, creo que tal vez pudo tratarse de un caso como los que se han captado en videos o fotografías con las cámaras modernas, de lo que se ha dado en llamar “gente sombra”…
No se… ¿Ustedes, qué creen…?

Un comentario sobre “¿Gente sombra…? Por Paco López Mejía

  • el 17 diciembre, 2017 a las 0:23
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    ¡Son fotos hermosas que ilustran maravillosamente tus relatos, Paco! 👍😊

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