“La mujer del puente” Por Paco López Mejía

LA MUJER DEL PUENTE

Por Paco López Mejía

Los hechos que ahora narro, ocurrieron en una ciudad del norte de la república…
Yanely trabaja desde hace tiempo con la señora Gloria, que fue precisamente quien me refirió los hechos y quien se dedica a cocinar para eventos sociales, para lo cual tiene a varias empleadas, entre ellas a Yanely, que le ayudan a preparar y a servir deliciosos platillos, pasteles, postres y todo lo necesario para cualquier tipo de fiesta; tiene también un refinado gusto para decorar las mesas en las que expone las viandas para el placer de la vista y el paladar de festejados e invitados.
Cerca de la ciudad en donde radican, existe una playa hermosa que frecuentemente es el escenario de grandes fiestas tanto particulares, como empresariales y hasta de dependencias gubernamentales, y dada la merecida fama que ha adquirido Gloria con sus suculentas preparaciones y exquisito gusto, tiene contratos para la organización de la parte culinaria de múltiples eventos en esa playa; al terminar el festejo, Yanely se regresa con su patrona a la ciudad, pues vive por el mismo rumbo que ella.
Al salir de la ciudad, se toma la carretera que se dirige al norte, y existe una desviación hacia la playa; al entrar en la desviación hay un puente y no hay otro camino para llegar al paradisiaco lugar…
Pues bien, cierta noche, casi a punto de terminar sus labores en un festejo, Gloria se percató que su empleada parecía asustada… como que trataba de retrasar el regreso… pero, ni modo, había que volver, y casi al llegar al puente… se fijó que Yanely abría los ojos, parecía asustada, veía hacia el frente, fijamente…
Yanely sacudió la cabeza, como queriendo quitarse algo de ella, volvía a ver hacia el frente, y casi al entrar al puente… de pronto, agachó la cabeza hacia el lado del conductor… Gloria iba concentrada en la conducción de la camioneta y no dijo nada… de reojo veía a su empleada, se preocupaba por ella… “Tal vez le duele la cabeza, pensó”. En fin, tomaron la carretera, arribaron en poco tiempo a la ciudad, y dejó a su empleada en su casa, olvidándose del suceso…
Pasaron unos cuantos días, otros festejos en diferentes lugares y en algunos salones de fiestas hicieron que aquel hecho se perdiera en la memoria de Gloria… pero no en la de Yanely…Al poco tiempo, había que prestar sus servicios nuevamente en la playa… El festejo se celebraría por la tarde y nuestras protagonistas servirían la comida con la excelencia que les caracteriza…
En la mañana, mientras terminaban de cocinar y acomodar los alimentos y postres, Yanely le dijo a su patrona, como sin darle mucha importancia: “Lo bueno es que es comida y regresaremos temprano…”
– Ja, ja, ja –se rió Gloria- ¡Eso crees…! Vamos a llevar postres y pasteles también, además recuerda que tenemos que recoger todo para poder regresar…
Yanely palideció notoriamente… estuvo a punto de tirar una bandeja…
-¿Qué tienes?- preguntó inmediatamente Gloria, quien además es una jefa comprensiva con sus trabajadores…
– Es que me da miedo venir de noche…
– Ja, ja, ja… ¿por qué te da miedo? ¡Si ya van varias veces que me has acompañado y ya sabes que la carretera no es peligrosa y está muy cerca…!
-No es la carretera…- dijo temblorosa, mientras se acercaba una silla…
Intrigada, Gloria se acercó otra silla, y la interrogó con la mirada, dándole tiempo…
-Es…-casi no podía articular palabra- es… la mujer del puente…
Gloria vio claramente como se perlaba la frente de su empleada…
-¿Cuál mujer…? ¿De cuál mujer estás hablando…?
La chica estaba temblorosa… Gloria le acercó una taza con agua caliente y un te, para que se relajara…
-La mujer… la mujer que he visto varias veces al venir de la playa, allí al llegar al puente…
-¿Cuál mujer…?- Casi gritó Gloria, entre confundida y exasperada… -¡Yo no he visto ninguna mujer…!
-¡Por eso me da miedo…! ¡Porque tú no la ves y yo sí…! Ya la he visto otras veces y la otra noche, se acercó a la camioneta y me quería agarrar…En ese momento, Gloria recordó que su empleada, de pronto había agachado la cabeza hacia el lado del conductor… Pero también pensó que quizá había tenido un ligero sueño y decidió “seguirle la corriente” y bromear al respecto…
-¡Qué mujer ni que nada…! ¡Hoy que regresemos nada más cierra los ojos y verás que no pasa nada…! ¡Pero no te vayas a quedar dormida porque tienes pesadillas, ja, ja, ja…!
Se fueron a cumplir con el compromiso que tenían, y ya por la noche, a bordo de la camioneta, Gloria divertida y bromista, le dijo: “Te pones lista, no sea que la mujer te vaya a jalar las “greñas…” Pero lo dijo de tal forma que la propia Yanely se rió y trató de darse valor…
La suave brisa marina, el leve canturrear de las olas, el calor de aquellos lugares y la hermosa luna vestida con un negro mantón estrellado, contribuyeron un poco a tranquilizar a Yanely… emprendieron el regreso… Gloria bromeaba con su empleada, quien mostraba una sonrisa forzada…
Las luces del vehículo se abrían paso entre las sombras de la noche… el ronroneo del motor parecía calmar un poco a la chica…
Una ligera neblina parecía llegar empujada poco a poco por el suave movimiento del mar…
Se acercaban al puente…
La sonrisa en el rostro de Yanely parecía congelada, sus ojos muy abiertos hacia el frente…
El puente estaba a unos cuantos metros…
La neblina parecía moverse como el tul de una grácil bailarina…
Gloria, a propósito, disminuyó un poco la velocidad y, siempre bromista: “¡No seas miedosa… no hay nada…!”
¿Nada…?
Avanzaron… Yanely, con la vista muy fija al frente y… ¡Sí…! ¡Allí estaba…! ¡Allí estaba aquella mujer delgada, con la ropa hecha girones… con el pelo desordenado… con la cara muy pálida y ojos profundos… oscuros… sin vida…que parecían mirarla fijamente…
-¡Aaaaaay… aaaaay…!- Gritó de pronto Yanely mientras se cubría la cara, se cubría la cabeza…
-No empieces… No hay nada…- dijo Gloria todavía riendo…
Al frente, la neblina parecía diluirse… ni un sonido… La camioneta se sacudió ligeramente como si el motor se fuera a apagar… 

Gloria vio de pronto una ligera figura neblinosa que se movió rápidamente por el lado derecho de la camioneta… Un sudor frío recorrió su espalda…
Trató de acelerar un poco, pero el vehículo, de pronto, parecía negarse a avanzar más rápido… Gloria sintió un frío inexplicable en su lado derecho…
Yanely seguía gritando… se cubría la cabeza… ¡Allí estaba aquella horrible visión…! ¡En la camioneta, entre Gloria y ella…! La cara cadavérica parecía sonreír burlonamente mientras las manos flacas, largas y huesudas trataban de tocar su cara… de tocar su pelo…
Gloria no veía nada, sólo a su empleada que asustada, prácticamente quería meterse entre su asiento y la portezuela, pero sin dejar de ver, con los ojos muy abiertos hacia el centro del interior del vehículo… Gloria creía que la veía a ella…
-¡Aaay… aaay…! –gritaba- ¡Aquí está… me quiere agarrar… me quiere agarrar…! Gritaba Yanely mientras se hacía “bolita”, con las piernas dobladas sobre el asiento y la cabeza casi metida entre el respaldo y la portezuela, con las manos a veces extendidas, a veces cubriendo su cabeza y siempre viendo fijamente a aquella mujer terrorífica que trataba de tocarla…
A mitad del puente la camioneta pareció recuperarse y avanzó… cruzaron el puente… y Gloria, con el susto encima, todavía bromeó con voz temblorosa: “¡Huy, huy…! ¡Te agarra… ¡
Sin embargo vio tan asustada a Yanely que aceleró y no la dejó en su casa, sino que la llevó a la de ella, en donde su marido que es médico, tuvo que ayudarla a bajar a la casi desvanecida chica… le dio unas gotas tranquilizantes y ya un poco repuesta, les dijo: ¡Se subió… se subió…!
-¿Cómo que se subió…? ¡Yo no vi nada…!- Replicó Gloria…
-¡Sí, se subió, iba en donde está la palanca… y quería agarrarme…! ¡Se desapareció a medio puente…!
Gloria recordó el extraño comportamiento de la camioneta y el aún más extraño frío que sintió en su lado derecho… Y el escalofrío recorrió nuevamente su cuerpo…
… Ha pasado el tiempo… Yanely ha tenido otras experiencias que espero poder narrarles en futuras ocasiones…

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