“La Vidente”. Por Paco López Mejía

LA VIDENTE…

En un relato anterior, les había platicado la terrible experiencia de Yanely, ocurrida en una ciudad del norte del país.
Pues bien, después de aquella terrible noche que la mujer del puente se subió a la camioneta que conducía la señora Gloria, Yanely siguió teniendo extrañas experiencias… y, aunque ocasionalmente volvía a ver a aquella mujer en el puente, y de vez en cuando se sobresaltaba, no volvió a ocurrirle ningún evento tan dramático como el que he mencionado… al menos, en el puente…
Pero, la señora Gloria se daba cuenta que algo le sucedía a su empleada, pues en su casa, cuando estaban cocinando, de vez en cuando Yanely se detenía… se quedaba viendo fijamente, con los ojos muy abiertos, a algún punto, y aunque Gloria trataba de “ver” qué era lo que llamaba la atención de su empleada… nunca pudo ver nada… nunca pudo ver a nadie… En una ocasión, hasta tiró unos platos que estaba acomodando… Pero… ¡Ahí no había nada… no estaba nadie ajeno a las labores culinarias…!
Gloria estaba inquieta, intrigada y preocupada por lo que pudiera estarle pasando a su empleada… llegó a dudar de su salud mental… Pero Yanely no decía nada, no decía qué o a quién veía… Tal vez, por la misma razón: por temor a que la señora y su familia pensaran que “no estaba bien de la cabeza”… solo se disculpaba, a veces entre risas nerviosas, a veces, verdaderamente apenada…
Por otras razones muy distintas y que no atañen a este relato, la señora Gloria conocía a una indígena, a quien en ocasiones, le llevaba hasta su muy humilde casa en un pueblo cercano, ropa o alimentos. Doña Tencha, como era conocida la indígena, tenía fama de ser “vidente” y de tener facultades extraordinarias. Gloria, no creía en esos “cuentos”, pero en fin, preocupada como estaba por su empleada, decidió llevarla a ver a doña Tencha… Habló con Yanely, quien tal vez pensando en la posible solución a sus “distracciones”, accedió a acompañar a su patrona al poblado indígena, y un día, a primeras horas de la tarde, emprendieron el viaje…
Tomaron la carretera y viajaron sin incidente alguno… el sol que ya llevaba varias horas cayendo sobre la cinta asfáltica provocaba esos curiosos movimientos irreales, causados por el aire caliente y que hacían que los escasos arbustos en la orilla de la carretera, parecieran bailar… Gloria, de reojo, vigilaba a su acompañante, quien aparentemente iba totalmente tranquila y sin sobresalto alguno, aunque de vez en cuando fijaba la vista insistentemente en algún punto de la carretera o de los campos que cruzaban… en algo que no veía la conductora del vehículo, quien a pesar de todo, iba confiada en que la visita a doña Tencha, sería la solución para la extraña conducta de Yanely…

Yanely también confiaba en el resultado de aquella visita… veía al frente, de vez en cuando volteaba a alguno de los lados de la carretera… ¡Una sombra que parecía cruzar lentamente la cinta de asfalto…! Yanely pareció ponerse alerta… la siguió con la vista… en el borde de la carretera… ¡desapareció…! Gloria observaba discretamente las reacciones de su acompañante, pero no preguntó nada… Yanely pareció respirar aliviada…
Tomaron una brecha, un camino polvoso que las llevaría hasta el poblado que ya se veía a lo lejos, distorsionado por el aire caliente y ligeramente desdibujado por el polvo… un poco más adelante, tenían que cruzar un canal de riego… Gloria conocía perfectamente el camino… allí, adelante, se veía el pequeño puente que pasaba sobre el canal… y a unos cuantos metros, la humilde casita de doña Tencha… Gloria acostumbraba dejar su camioneta antes de cruzar el puente, para llegar caminando a la casucha… No se percibía ningún ruido… parecía que las aguas del canal habían dejado de moverse…
Poco antes de llegar al puente… Yanely vio aquella sombra… aquella forma humana al otro lado del canal… un hombre… un hombre al que Gloria no veía… Yanely reprimió un grito… abrió desmesuradamente los ojos, tal vez pensando que el aire caliente le estaba jugando una broma… así, así como el curioso baile de los arbustos al lado de la carretera… con una mano se limpió un sudor inexistente en la frente… y aprovechó para frotarse discretamente los ojos… ¡Sí… ahí estaba un hombre…o una sombra con forma de hombre…! Sintió un sudor frío recorrer su espalda, a pesar del calor reinante… de pronto, ya no estaba aquello…
Pasaron caminando el puente… Yanely, aunque no quería hacerlo… volteó a la derecha… ¡Ahí… cada vez más cerca de ella…! ¡Aquella sombra… se definía…! ¡Un hombre… con sombrero… la veía con esos ojos sin vida… sin brillo, que se adivinaban bajo el sombrero…! Su ropa se veía mojada… sucia… como si acabara de salir del agua lodosa del canal de riego… ¡De pronto lo vio a su lado…! Su piel húmeda, casi blanca, sucia… como pegada a los huesos… como cubierta de fango… extendió unas manos esqueléticas, que querían tocarla…
-¡Nooooo!- gritó Yanely- ¡El vaquero… el vaquero…! ¡Me quiere agarrar…!
Se abrazó desesperada a doña Gloria, al tiempo que sacudía su cabeza como queriendo liberarse de aquellas manos huesudas, muertas, que querían tocarla…

Gloria la abrazó, volteaba a todos lados, pero ¡Nada…! Ella no veía a nadie… sólo percibió aquel penetrante olor a fango, a lodo podrido… que pareció perderse en el cálido vientecillo que empezaba a soplar…
Abrazando a Yanely, apresuró el paso… La chica volteaba hacia el canal… pero aquella horripilante visión… ¡Había desaparecido…!
Iban llegando a la casa… Gloria llevaba en una mano la bolsa con alimentos y ropa para doña Tencha… Yanely, apenas reponiéndose de aquel ataque que sólo ella había visto… Algo o alguien, pareció jalar la bolsa que llevaba Gloria… volteó hacia la bolsa creyendo que tal vez un perrito se había acercado a olfatear, pero no vio nada…
-¡Aaaaaayyyy….aaaaayyyy…! ¡Los niños… los niños…!- Gritó asustada Yanely… Gloria, sobresaltada, trataba de ver algo sin lograrlo…
Aquellos niños… aquellos dos o tres pequeños fantasmales… trataban de jalar el pelo de Yanely… se cubría con una mano, mientras con la otra trataba de alejar a los pequeños que solo ella veía… esos niños que, ella sabía… que… no eran de este mundo… sus cuerpecitos magros, enjutos, sus ojos sin vida, sus sonrisas macabras… y esas risas que parecían venir de ultratumba… y esas manitas… esas manitas que querían jugar con su pelo…
Gloria la abrazó fuertemente mientras sentía otro tirón a la bolsa que llevaba… la metió casi a rastras a la humilde vivienda… Yanely no pudo reprimir el llanto…
Sentada en una vetusta y rechinante silla de madera, estaba doña Tencha… su rostro moreno y regordete… sus rasgos indígenas, como tallados en piedra… su cara surcada por arrugas que alguna vez fueron bonachonas sonrisas… parecía estarlas esperando… las vio y soltó una alegre aunque discreta carcajada…
En aquella habitación, sala, comedor, cocina y hasta dormitorio… solo había la silla en que estaba Tencha… y dos sillas más de madera, igual de viejas, igual de quejumbrosas que la que ocupaba ella, y una pequeña mesa también de madera y que hacía mucho tiempo había visto pasar sus mejores años…
La vidente, se levantó con agilidad asombrosa para su peso y su edad, saludó con todo el respeto, el cariño y la amabilidad que distingue a los indígenas, recibió con grandes muestras de agradecimiento la bolsa que llevaba Gloria y les indicó las otras dos sillas, que ocuparon con precaución las visitantes… El aire cálido se colaba por las separaciones de las tablas con que estaba construida la casucha…

Doña Tencha, sin dejar de sonreír, se dirigió a su silla, y en medio del quejido de la madera, señalando con su regordeta mano a Yanely… le dijo: -Ya se a qué vienes…pero yo no puedo ayudarte…- casi divertida, continuó- ¿Viste al vaquero…? ¿Viste a los niños…?
Yanely, sorprendida y al mismo tiempo compungida, asintió con la cabeza…
-El vaquero…-afirmó doña Tencha- se ahogó en el canal hace como diez años… No te hará nada…
Gloria sintió un sudor frío que recorría su cuerpo, pero se animó a preguntar: -Tenchita, pero ¿Cómo supo ella que era un vaquero…?
-Lo supo… nada más…-contestó escuetamente la indígena… y prosiguió: -Los niños, sólo quieren jugar, sólo querían acariciar tu pelo… Son unos fetitos que me trajeron una vez… yo no los quise tener aquí… pero ellos… ellos… quisieron quedarse conmigo…
Y ante la sorpresa de las dos visitantes, que no habían hablado de las anteriores experiencias de Yanely, concluyó: -Y la mujer del puente… La mujer del puente, murió allí hace como cinco años…la atropellaron… No te asustes… -dijo, y continuó a manera de despedida- ahorita que salgan no se te van a acercar… Tú sabes lo que ves… yo no puedo ayudarte…
Gloria veía desconcertada a las otras dos mujeres… Yanely, con una seguridad que parecía haberle dado la indígena… le dijo a Gloria… – Y en tu casa… he visto a tu papá… varias veces…
Gloria se levantó asustada, su papá había fallecido varios años antes…
-No te asustes…-dijo con seguridad doña Tencha- Tu papá está allí, para cuidar a tu hijo…
Gloria sintió que todo le daba vueltas… ¡Doña Tencha, no sabía que Gloria tuviera un hijo…!
Salieron cuando el cálido sol se ocultaba…
Las aguas del canal se habían vuelto cantarinas… como si el canal soñara con ser río…
Las visitantes escudriñaban en las nacientes sombras, sin lograr ver nada… La vidente, se los había dicho…
Gloria me narró esto –y otros hechos- con una cara y una voz, que dejaban ver claramente su asombro, su admiración… y tal vez… algo de temor, pero toda ella denotaba su agradecimiento y amor a su padre… que desde el más allá… visita su casa, para cuidar a su nieto…

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