“Los jóvenes en el proceso electoral 2018”. Por Ignacio Hurtado Gómez

Los jóvenes en el proceso electoral 2018

Por Ignacio Hurtado Gómez*

En días pasados tuve la fortuna de dirigirme a un grupo de jóvenes universitarios. Orgullosos nicolaitas, inquietos y responsables de la Unidad Profesional de Ciudad Hidalgo de la Universidad Michoacana.

La charla fue en el sentido del papel reflexivo, pensante y deliberativo que los jóvenes –y los no tanto– deben asumir de frente al proceso electoral que está en marcha.

Para ello, retome algunos de los desafíos que previamente en este espacio ya había planteado y que, desde mi perspectiva estarán presentes en la madre de todas las elecciones que hemos vivido hasta el día de hoy.

A algunos de esos retos vuelvo de nueva cuenta en este espacio para enfatizar algunos aspectos que se quedaron en el tintero y que, tienen como finalidad dimensionar con mayor fuerza algunas de las preocupaciones señaladas. Y que sin duda deben estar presentes en la deliberación juvenil.

Una vez más lo digo con la mayor claridad posible: creo que el mayor desafío no radica “tanto” en lo monumental, logísticamente hablando del proceso electoral con sus 3,416 cargos por elegir y sus aproximadas 155 mil casillas por instalar, sino en la parte política, social y cultural que gravita a su alrededor, y lo cual habrá que encauzar de la mejor manera para bien de nuestra democracia.

Por eso creo que al margen de los resultados y de quien resulte vencedor, este proceso que ya respiramos deberá considerarse, tarde o temprano, como fundacional de un nuevo orden, por lo menos electoral y político.

Así, uno de esos factores, decíamos que era el desánimo social hacía las instituciones, y en ese sentido se puede agregar que el Informe País del INE y el Colegio de México (2014), planteó como hipótesis –entre otros aspectos– el hecho de que la ciudadanía en México atraviesa por un complejo proceso de construcción que se caracteriza por la desconfianza entre las personas y de éstas hacia la autoridad, y por el desencanto con los resultados que ha tenido la democracia. Y se confirmó.

Vamos, solamente el 4 por ciento cree que en este país se respeta mucho la ley, y un 70 por ciento considera que no se puede confiar en la mayoría de las personas.

Así es difícil. Y las causas para esa desconfianza son muchas y en varios casos fundadas.

Luego, en cuanto a la cultura democrática, el mismo Informe País concluyó que la consolidación democrática exige instituciones que generen confianza e incrementen la responsabilidad del gobierno frente al ciudadano común. Esto sólo pueden hacerlo los gobiernos si responden con prontitud y eficacia al interés público, eliminan las prácticas corruptas y protegen las nuevas libertades.

Y se enfatizó que, como lo muestran los componentes del diagnóstico, las causas centrales de las debilidades de nuestra cultura democrática han estado en la ausencia de la ciudadanía en los procesos principales del ejercicio de la autoridad, en la debilidad de los procesos deliberativos sustentados en el más pleno acceso a la información pública y en la carencia de medios para exigir cuentas a las autoridades, en el más amplio sentido de esta expresión.

Por eso la importancia de que la educación para la ciudadanía se vuelva en una práctica democrática.

Otro tema que llamó la atención a los jóvenes y que en otro momento quedó expuesto de manera muy general es el papel de las redes sociales, del internet, el cual, sin duda ha venido a cambiar nuestras vidas, incluso la propia auto comprensión de nosotros mismos y de nuestra sociedad..

La relación entre política e internet no es novedosa, si nos remontamos, por ejemplo, a la elección de Obama en Estados Unidos en 2008 cuando se decía: “sin internet no hay Obama”.

O por ejemplo, la también llamada Primavera árabe en 2011 en donde todo comenzó con un alboroto en Facebook que desembocó en un puñado de protestas, y en donde nadie se imaginó que tal inconformidad provocaría que los líderes de Túnez, Egipto, Yemen y Libia fueran derrocados, y se abriera paso a la democracia.

Así pues, dos son los principales retos: la llamada fractura digital y que supone que no todos cuentan con acceso a estos mecanismos de información, por lo que no es un tema menor; y la credibilidad de la información, que también cotidianamente estará a prueba, y en donde el sentido común y el buen criterio serán consejeros fundamentales. Tendremos verdaderas campañas cibernéticas.

En relación al tema del uso de los programas sociales y recursos públicos, tal vez valga abundar en el hecho de que una precondición de la democracia es la garantía (acceso) de algunos derechos sociales mínimos como condición de las libertades que, a su vez, den soporte a los derechos políticos.

O como dijera Robert Alexy: alguien que tiene un déficit de prestaciones sociales poco le puede interesar sus libertades políticas, por lo que estas se transforman en “fórmulas vacías”.

O en otras palabras, la desigualdad que se vive puede volverse un campo fértil para el clientelismo electoral, y con ello trastocar la libertad del sufragio.

En cuanto a la credibilidad y confianza de la sociedad hacia el propio régimen democrático, el asunto no pinta bien.

Y es que, para bien o para mal, la democracia nos prometió varias cosas que no ha cumplido, y por ello en el caso mexicano, aunque un 48 por ciento apoya la democracia –lo cual ya es bajo– solamente el 19 por ciento está satisfecho con ella.

Más aún, en una encuesta de 2016, a un 16.8 por ciento le da lo mismo si es un sistema democrático o no, y un 25.8 por ciento considera que en algunas circunstancias un gobierno no democrático puede ser mejor.

Así pues, la democracia no es el paraíso, aunque si es lo mejor que tenemos, pero hay que cuidarla y fortalecerla. Y un tema central es asumirnos como ciudadanos plenos, comprometidos, pensantes, reflexivos, asumiéndonos como políticos.

Y ni que decir, como otro tema interesante, la eventual existencia de candidatos partidistas e independientes con su discurso anti establishment o antisistema que, seguramente dotará de una intensidad y tonalidad interesante a las campañas, con la libertad de expresión como estandarte.

Y por último, otro tema interesantísimo que solamente se anunció y que se quedó en el tintero, es el del entorno internacional, su posible influencia en el ánimo ciudadano, asumiendo que para la comunidad internacional la democracia constituye un valor universal y ante ello los legitima, en principio, para incidir indirectamente en los procesos electorales nacionales.

Pero además el hecho de que a nivel internacional tenemos una crisis y vaciamiento de la política, para muchos el colapso de la democracia y el derrumbe de la esfera pública, lo cual para algunos inició a raíz de la crisis mundial de 2009, en donde la política tuvo que ceder a la economía. Se trastocó la relación entre economía y política.

Y hoy para más de alguno, –como el caso de Ferrajoli– no son los Estados, los gobiernos y los parlamentos electos democráticamente los que controlan el mercado y el mundo de los negocios imponiendo reglas y limites, así como tutelando el interés general, sino que ahora son los mercados los que controlan y gobiernan a los Estados imponiendo políticas antisociales.

Así pues, vuelvo a insistir, hay temas que gravitan en torno a nuestro proceso y que inevitablemente influirán en él, por ello, la necesidad de estar atentos con un sentido reflexivo y deliberante. Al tiempo.

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* Ignacio Hurtado Gómez. Es Maestro en Derecho; profesor en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Michoacana. Actualmente es magistrado presidente del Tribunal Electoral del Estado de Michoacán.

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