“Que la muerte del padre Gerardo Flores sacuda la desidia de no actuar”. Por Blanca Simón Ortiz

Un día hace ya varios años (entre 8 y 10) recibí una llamada no recuerdo de quién. Me hablaban para acudir a una rueda de prensa, en la cual además se efectuaría un té canasta.
La cita era en un saloncito de fiestas varias mujeres llevaban varias reuniones haciendo lo mismo, recaudando recursos.
El encargado de emitir la información era un joven, que tenía muy claro un proyecto e inclusive tenía estadísticas propias y del INEGI, el habló de una alta y muy alta marginalidad en las comunidades de Jucutucato, Jicalan, Cutzato, Matanguaran y demás rancherías que se sitúan en aquella zona, muy rica por su producción agrícola y que en contraparte contrastaba con la pobreza de la gente, asimismo mencionaba que había que sacar a los jóvenes de esa marginación para que no cayeran en manos de quienes les usan para delinquir o bien evitar que cayeran en los vicios.
Mientras me contaba su proyecto , un albergue con aulas y con instalaciones para tener proyectos productivos me recordé al plan del Padre Ochoa, cuando fundó la Casa del Niño, y ese joven que con entusiasmo hablaba era nada menos que el cura de la parroquia de Santa Catarina, era el padre Gerardo Flores Hernández. La organización de los te canasta y otras actividades era para adquirir el terreno.
A la par de tener ese proyecto, el sacerdote tambien buscaba que parroquia a su cargo mejorará, pues su techumbre databa del siglo XVII y se corría el riesgo de colapsarse,así que con el programa 3 x 1 Migrantes y otros apoyos como de la Semarnat -en ese tiempo a cargo de Juan Elvira- y particulares se lograron adquirir y hasta donaciones de los mismos vendedores , unos troncos de fina madera proveniente de Dos Aguas, la suiza michoacana que se localiza entre Coalcomán y Aguililla, y así se reconstruyó ese templo de Dios.
Paralelamente había organizado a varios niños que conformaron el coro infantil Nazaret, cuyo proyecto fue reconocido a nivel nacional. Era la época en la que se comenzó a ver que aquellos niños que tocan un instrumento difícilmente tomarán un arma entre sus manos. El reconocimiento fue por dos o tres ciclos consecutivos.
Un día le fui a visitar para ver los avances de la reconstrucción de capilla y me dio la noticia de que ya tenían el terreno para la edificación del albergue Nazaret, y que pronto se colocaría la primera piedra, me mostró donde se construiría la capilla, que fue lo primero que se construyó y dónde se encuentra esa primera piedra.
La mejor noticia fue que el predio había sido una donación de una señora de la comunidad si mal no recuerdo se compro otro predio aledaño o se pagaron los procedimientos legales para cimentar esa donación.
El día de la colocación de esa primera piedra, llovió muy fuerte, así que el terreno se convirtió en un gran pantano, nada de eso importo para asistir a tan importante evento, el lodo llegaba hasta las rodillas pero todos los asistentes estaban muy contentos de ver iniciado ese proyecto del que se conformó un patronato, la mayoría mujeres para el manejo de los recursos.
La construcción del albergue prosiguió con aportaciones de gente de buena voluntad a la que seguramente el padre Gerardo les habló, con algunas rifas, cenas de gala e inclusive una de las primeras carreras atléticas fue “corro, troto o camino” respaldada por CDU, y paulatinamente el proyecto fue tomando forma.
Hasta el año pasado se contaba con algunas habitaciones donde ya había internos, que ya toman algunas clases pero también laboran en una pequeña granja en la que ya se produce huevo orgánico.
Debido a la carga de trabajo que implicaba el proyecto de Nazaret el padre Gerardo debió dejar el curato, pero su plan era proseguir en la labor de Nazaret y concluir ese plan que después del Padre Ochoa ( mismo que tiene su causa de beatificación) nadie había retomado con tanto ímpetu y ganas de que la marginalidad quedará en la historia de muchos jóvenes.
Al padre Gerardo le tocó dese oficiar una ceremonia de acción de gracias de un matrimonio de 50 años, hasta la de una familia que fue masacrada en su hogar, asimismo vivir de cerca el secuestro y asesinato de varios amigos, pero también fue valiente para denunciar los hechos que nos acontecen desde hace varios años.
Hoy el Padre Gerardo se adelantó en el camino, unas manos asesinas no toleraron su presencia , pero además nos dejaron sin un hombre de fe y de ganas de luchar por su prójimo y por sus semejantes, de hacer bien su encomienda como sacerdote tal como lo profeso.
Sé que era hombre y quizá pudo cometer errores, pero lo destacable es que siempre busco el bien de su comunidad, que si bien no era originario de estas tierras si quiso mucho a su feligresía y a quiénes no lo eran.
Descansa en paz padre Gerardo y ojalá tú muerte no sea en vano y nos haga sacudirnos esta desidia a no actuar y dejar que los malos nos sigan ganando la batalla.

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