“¿Reformar por reformar lo político-electoral?” Por Ignacio Hurtado Gómez

¿Reformar por reformar lo político-electoral?

Por Ignacio Hurtado Gómez*

Creo que es necesario decirlo con toda responsabilidad. En materia política-electoral no podemos caer en una reformitis sin que previamente hayamos deliberado ampliamente los efectos de aquello que queremos o que necesitamos modificar. Mucho cuidado con eso.

Y lo vuelvo a decir, “sin haber deliberado sobre los efectos”.

Son dos las principales razones que me llevan a sostener lo anterior.

Primeramente el hecho de que en varios momentos he insistido en que las instituciones políticas y jurídicas no son plantas sin tierra, y por tanto se alimentan de un sustrato social, social, económico y cultural que les rodea.

Si se quiere en palabras más técnicas y específicas, cuando al Corte Interamericana de Derechos Humanos resolvió el asunto Castañeda Gutman sobre las candidaturas independientes, sostuvo que el sistema interamericano no definía un sistema electoral único, sino que, en todo caso, cada país, y en ese caso México, debía decidirlo en base a sus aspectos culturales, sociales, económicos, y políticos, entre otros.

Y a eso me refiero, para tomar una decisión como las que se han sugerido se requieren considerar varios aspectos, no es tan simple el asunto.

La segunda razón que me hace resistirme a la reformitis sugerida es que, desde mi punto de vista, he crecido con la idea de que los sistemas electorales se construyen y modifican, se diseñan y rediseñan, y en ese contexto, uno de los elementos siempre hay que tener en mente (y así sugieren instancias internacionales), es el ineludible hecho de que producen consecuencias, producen efectos. Buenos o malos, pero al final producen efectos.

Por ejemplo, la segunda vuelta busca un efecto, las candidaturas independientes producen otro, el modelo de financiación otro, y así sucesivamente.

Si no fuera así, entonces, tendríamos en todos los sistemas electorales del mundo la figura de las candidaturas independientes, y no es así. Si no fuera así, en todos los sistemas del mundo la financiación sería privada. Si no fuera así, no habría países con sistemas proporcionales.

Pero no es así, y hay modelos, y hay diferencias, y unos tienen y otros no. Y entonces vienen las siguientes preguntas obligadas: ¿A qué se deben esas diferencias?, ¿Por qué ellos sí y nosotros no, o viceversa?

Y es aquí en donde hay que abrir la deliberación en todas sus formas y espacios posibles. Tenemos que discutirlo. Y sobre todo preguntarnos, y preguntarles a los que afanosamente las impulsan, hacía dónde están mirando.

Que quede claro. No estoy en contra del cambio, ni de eventuales reformas, creo que varias son, además de deseables, necesarias. Claro que hay que discutir, y dialogar, y deliberar, y reflexionar, pero con todas las piezas sobre la mesa, entre ellas, destacadamente los efectos de las reformas que ahora se impulsan.

Más específicamente permítanseme algunas reflexiones adicionales.

Por ejemplo, en el caso de la llamada segunda vuelta electoral, tan claro que no todos los países la tienen, y claro que su operación no es la misma en países con sistemas bipartidistas que en sistemas pluripartidistas, incluso si de por si nos está doliendo el tema de los dineros, y el tema de la logística no es menor, ahora pensar en dos jornadas electorales, ya nos pone a pensar, pero además, incluso si se quiere más específicamente pensemos por ejemplo en San Luis Potosí en donde a partir de una realidad que tuvieron hace años decidieron implementar la segunda vuelta a nivel municipal, pero, después de unos años más, y como consecuencia de efectos que estaba produciendo, decidieron eliminarla. Produce efectos, buenos o malos, pero al final produce consecuencias.

Otro tema, por ejemplo, es el de la financiación, y más allá de que la discusión se da en un contexto sensible, también hay modelos, pura financiación pública, o pura privada o mixta. Es cierto, hay sistemas en donde no hay financiación pública, y entonces ciertamente son los militantes los que aportan, pero también los empresarios, los poderes fácticos, los poderes invisibles, las trasnacionales, y muchos otros sectores. ¿Y eso qué puede producir? Pues habrá que ver, y eso es lo que tiene que deliberarse. ¿A quién terminaran representando los políticos?

Ahora, caso y situación totalmente distinta tiene que ver con los montos de financiamiento, por lo que también hay que delimitar bien los términos de las discusiones.

Y por último también está el tema de los plurinominales. Pero aquí también habrá que ver qué nos duele, es decir, lo que no nos gusta es que sean listas bloqueadas y cerradas, pues entonces hágasele como en otros países con listas abiertas y no bloqueadas, pero valoremos la figura y no la demeritemos así porque sí.

Una sola reflexión. Nos hemos preguntado, ahora en tiempos en donde se exige mayor paridad en la representación, cuántas mujeres actualmente en los congresos han logrado su acceso a través de la representación proporcional. Por eso algunos las defienden como mecanismos para garantizar el acceso a la representación política de las minorías.

Más aún, si realmente fuera mala la proporcionalidad, porqué entonces hay países que prescinden de sistemas mayoritarios y son puramente proporcionales.

Entonces, qué pasaría si en lugar de eliminarlas, mejor las combinamos con acciones afirmativas, por ejemplo, que los espacios de representación proporcional estén reservados para jóvenes, mujeres, indígenas, o movimientos de LGBTA, o cualquier otro grupo. Ya algunos partidos políticos internamente lo hacen en México.

Así pues, lo que quiero decir con todo esto, es que no es fácil hacer cambios desde los espacios de lo meramente político, si no se miran con cuidado los efectos o consecuencias, y basta ver lo que ahora estamos viviendo con nuestro sistema nacional que aún está en proceso de ajustes y desajustes. Por eso termino insistiendo: dialoguemos, deliberemos, discutamos, critiquemos y reflexionemos, pero lo más ampliamente posible y con todas las canicas puestas sobre la mesa. Al tiempo.

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* Ignacio Hurtado Gómez. Es Maestro en Derecho; profesor en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Michoacana. Actualmente es magistrado presidente del Tribunal Electoral del Estado de Michoacán.

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