«Un viaje en el metro». Por Paco López Mejía

UN VIAJE EN EL METRO

Por Paco López Mejía

Recientemente, en uno de mis relatos, tuve que ser el protagonista del mismo, al narrar mi experiencia de estar en un octavo piso en el momento en que se produjo el terremoto del pasado 19 de septiembre. En esa ocasión comenté que en la época del terremoto de 1985, yo trabajaba en una torre de oficinas en lo que era el llamado Conjunto Pino Suárez.

Las torres colapsaron y precisamente la torre en que se ubicaba mi oficina y la siguiente torre que era la última, cayeron hacia atrás; prácticamente se doblaron, y cayeron sobre un paso a desnivel que estaba atrás del Conjunto.

Como es sabido, en realidad nunca se supo cuántas personas perdieron la vida en ese sismo. A los que trabajábamos en ese Conjunto siempre nos quedó la duda de cuántas víctimas pudo haber en el paso a desnivel y abajo, en el pasillo de la estación del metro Pino Suárez sobre el que estaban esas dos torres que se “doblaron”, y que quedaban sobre el espacio en donde estaban las taquillas de venta de boletos y donde, a esa hora, debió haber una gran cantidad de personas que se dirigían a sus diarias labores.

Pues bien, hace unos cuatro o cinco años, en una ocasión en que salí hacer unas compras, tuve que hacer un transbordo pasando por ese pasillo, y me llamó la atención que dos jovencitas que iban caminando delante de mí, de pronto se detuvieron y una de ellas le dijo a la otra: “¡Aquí… aquí lo vi la primera vez…!”

El tono de la voz de la chica me llamó la atención, porque parecía asustada; empezaron a caminar un poco más rápido y casualmente se subieron al mismo vagón en que me subí yo… Al oír lo que platicaba la jovencita a quien llamaré Lety, de pronto se me ocurrió, obviamente con las disculpas de rigor, preguntarle acerca de su relato, y tal vez por su misma emoción o quizá por ver mi cara de asombro –o de chismoso-, me platicó su experiencia; yo iba casi hasta la última estación, así que hubo tiempo suficiente, ya que Lety, casualmente, es michoacana y en esa ocasión se dirigían a la central de autobuses a comprar boletos para viajar el siguiente fin de semana. Esto fue lo que me platicó:

Hacía unas cuantas semanas, una tarde, Lety había hecho el mismo recorrido; había abordado el metro en la Calzada de Tlalpan y tenía que transbordar en la Estación Pino Suárez, pasando por ese pasillo… como rara vez ocurre, no había mucha gente en ese momento, así que iba tranquila…

Para tomar la otra línea del metro, hay que recorrer ese pasillo y dar vuelta en “U”, precisamente en donde según mis cálculos, debieron ubicarse las taquillas en aquella terrible fecha…

Lety caminaba a paso regular y al ir a dar la vuelta que he mencionado… vio al fondo del pasillo… a un hombre aparentemente joven, casi calvo, no se le distinguían las cejas, muy pálido… vestido de traje oscuro, pero su vestimenta se veía ligeramente sucia, polvosa… veía hacia el frente… como si la viera a ella… o más bien, como si viera a través de ella…

Lety sintió un inexplicable escalofrío… caminó un poco más rápido y, un poco más adelante, tratando de ser discreta, volteó y entre las pocas personas que caminaban… lo vio nuevamente… allí parado… la veía sin verla… con esa mirada fija… con esa mirada que parecía… sin vida…

Lety pasó al lado de la pequeña pirámide que fue encontrada al construir esa estación… Volteó nuevamente… y allá, al fondo del pasillo… seguía aquel hombre… era evidente que veía hacia donde estaba ella… el sudor frío recorrió nuevamente su espalda…

Aceleró el paso, y por fin llegó al andén al que se dirigía… casualmente, en ese momento iba llegando el convoy y Lety corrió para abordarlo y dejar atrás aquella rara visión… lo logró… o al menos, así lo creyó la asustada chica…

El tren inicio su marcha… Ella se sumergió en la lectura de un libro que llevaba… pasó una, dos estaciones…

Y en la tercera estación… algo la obligó a ver por la ventanilla… ¡Y allí…! allí al fondo de un pequeño pasillo… ¡Allí estaba aquel hombre pálido, casi calvo…de traje oscuro y ligeramente sucio, que la veía… pero no la veía… que parecía verla… pero que parecía ver a través de ella… con aquella mirada fija… sin vida…!

Lety sintió un nuevo escalofrío… no sabía si levantarse y salir corriendo… en ese momento… se escuchó el conocido sonido que anuncia el cierre de las puertas y éstas se cerraron… Lety, casi contra su voluntad, volvió a ver hacia donde había visto a aquel hombre… lo vio… seguía allí parado…

Afortunadamente el convoy reanudó la marcha… La jovencita respiró aliviada… pero en la cabeza le daba vueltas una pregunta… ¿Cómo había llegado ese hombre tan raro, tan pálido que la observaba sin verla, hasta esa estación…? ¿Cómo… si la última vez que lo vio estaba al fondo del pasillo en la estación Pino Suárez…?

Mientras más pensaba en ello, más temor sentía…

En la siguiente estación, volteó hacia el andén… nada… vio hacia un lado y otro… nada…

Más tranquila, trató de concentrarse en la lectura…

En la siguiente estación –Insurgentes, precisó- se obligó a sí misma a no voltear…

El tren continuó su marcha… dos estaciones más…

Lety quería… pero no quería voltear a las ventanillas… así que, como no queriendo… vio hacia el andén del otro lado de circulación… seguramente –pensó- no volvería a verlo… ¡Allá… allá en el otro lado… en dirección contraria…! ¡Allá estaba aquel hombre… viendo hacia donde estaba nuestra protagonista…! Reprimió un grito… mientras un convoy en sentido contrario entraba a la estación y cubría aquella visión fantasmal…

Un temblor repentino se apoderó de la jovencita… No sabía qué hacer… no sabía si continuar su viaje o descender en la siguiente estación… ¿Pero, qué haría allí? Se preguntaba… tomó su celular, pero no atinaba a quién llamar… ¿A su papá que vivía en Michoacán y no podía hacer nada por ella…? ¿A su amiga que se encontraba al otro lado de la ciudad…?

Entre estos pensamientos se percató que casi llegaba a su destino… Casi llegaba a la terminal Observatorio y allí entraría de inmediato a la Central de Autobuses… empezó a tranquilizarse…

Tomó su mochila, guardó su libro, y todavía sintiendo las piernas temblorosas, se levantó…

Trató de no ver hacia ningún lado… el tren iba entrando a la terminal… del otro lado, como siempre, una gran cantidad de personas, muchas con mochilas o maletas, esperaba abordar el metro para internarse en las entrañas de la gran ciudad…

El convoy fue reduciendo la velocidad… casi se detenía… Lety trató de ver solo hacia el frente… se obligaba a no voltear a ningún lado… bajó del vagón, se dirigió a las escaleras, las subió de prisa… salió casi corriendo de la terminal…

Llegó a la explanada de la central de autobuses, sintiendo un gran alivio pues no había vuelto a ver a aquel extraño sujeto…

Caminó más aprisa que de costumbre hacia la Central de Autobuses… antes de entrar, volteó hacia la explanada, como para cerciorarse que había dejado atrás aquella pesadilla… y allá… junto a la escalinata del puente –actualmente cerrado- a la escasa luz de las luminarias… Allá estaba… pudo ver claramente su cabeza casi calva, su palidez extraordinaria… su traje oscuro… y sintió su vista clavada en ella… o tal vez –después lo pensó- en la entrada de la Central de Autobuses… casi brincó para entrar y se detuvo… volteó… y ¡Nada…! Allí no había nadie… tuvo el impulso de asomarse, pero le dio miedo…

De regreso a la capital, todo transcurrió normalmente… pero en la ocasión en que platiqué con ella, le había pedido a su amiga que la acompañara…

La vi tan impresionada que decidí no decirle que… nunca se supo cuántas personas murieron en el lugar en que vio a aquel extraño hombre por primera vez…

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