“Una sencilla reunión” (2a parte) Por Paco López Mejía

UNA SENCILLA REUNIÓN… (Continuación)

Como recordarán, doña Tencha le dijo a la señora Martha que quien había causado los pequeños disturbios en aquella “reunión de amigas”, era su nieto, ya fallecido, y que había estado siempre detrás de ella; por su parte, Yanely, la empleada de Gloria, que tiene la facultad de “ver” a los seres que han trascendido, afirmó que ella lo había visto varias veces, y que allí estaba desde el momento en que llegó Tenchita…
Gloria de inmediato recordó que doña Tencha, al entrar a su casa, se quedó viendo fijamente hacia una esquina de la sala… vinieron a su mente en rápida sucesión las escenas de la ligera sonrisa de la indígena, la entrada de Yanely a la sala, cuando también vio fijamente hacia ese punto y la rápida mirada de complicidad que hubo entre ambas… un escalofrío recorrió su espalda… sí, era evidente que en ese punto estaba el nieto de Martha…
Gloria reaccionó de inmediato: -Tenchita, ¿El le dijo que vendría Martha…?- preguntó.
-Sí, él me dijo –contestó con increíble calma la vidente.
Gloria, intrigada preguntó a su empleada: -Yanely, ¿cómo es eso que lo has visto varias veces? ¿Ya lo habías visto aquí?
-Sí –contestó Yanely con gran seguridad- ya van varias veces que lo veo por la casa…
-¿Y porqué no me habías dicho nada…?
-Porque él no me ha dicho qué quiere…
El aplomo de la empleada era impresionante, parecía como si fuera lo más común ver por la casa a una persona que ella había conocido en vida, y que sabía que había fallecido…
Las mujeres reunidas, con excepción de doña Tencha, se veían unas a otras sin saber qué decir, sin saber qué hacer… era evidente el temblor de la mano de Olga cuando levantó su taza para tomar un trago de café, tal vez para apaciguar aquel temor de saber que… en aquella sencilla reunión… ¡había alguien más…! Y además, un ser muy querido para ella y su familia, pero… que ya no estaba en este mundo…
-Pero… ¿está bien? ¿Por qué está penando? ¿Qué quiere…?- preguntó angustiada y con voz temblorosa Martha, la abuela.
Y doña Tencha, después de dar un sorbo a la aromática bebida, con toda calma, contestó: -Pablito está bien…
Olga interrumpió a la vidente pues no pudo reprimir el grito de sorpresa: ¡Nadie había mencionado el nombre del difunto…!

Ante la perplejidad de las concurrentes, la indígena levantó una mano pidiendo calma y prosiguió: -Solo quiere que lo dejen descansar en paz… no son ustedes… son su papá y su mamá… su padre –fue evidente el tono despectivo de la vidente- hace mal uso de sus cenizas… hace brujería… causa daños con ellas… lo ha enviado a esta casa a provocar males, pero él no ha querido hacerle daño a Gloria, por eso lo ha visto Yanely…
El asombro de las mujeres era notorio…
La indígena empezó a mencionar los problemas que había tenido la familia de Pablito, como si alguien se los hubiera narrado detalladamente, y señaló cuáles habían sido provocados…
Las visitantes no salían de su sorpresa, por momentos se veían invadidas por el temor, por la angustia… y hasta por el enojo… Pero lo más evidente, era aquella sensación de impotencia…
Estrujándose las manos, Martha preguntó: -¿Y qué podemos hacer…? Sus padres son los que no lo dejan descansar en paz… y nosotras no podemos ir a su casa…
No terminó la pregunta… “¡Criiiichhh….!” La puerta de la calle rechinaba… alguien la había abierto… “¡Criiiichhh…!” ¡Otra vez… pareció cerrarse…! “¡Paaashh… paaashh… paaashh…!” ¡Unos pasos claramente audibles parecieron entrar a la estancia…! La luz parpadeó nuevamente hasta quedar casi en penumbras…
-Solo quiere que sepan que está bien –contestó doña Tencha- y que no deben preocuparse… No tienen que hacer nada, recen por él; Pablito va a cuidar de ustedes… Yo me voy a encargar de que descanse en paz…
El foco pareció hacer grandes esfuerzos por recobrar su luminosidad, y hasta ese momento, se percataron que el aparato de aire acondicionado… estaba apagado… pero en aquella habitación reinaba un clima sumamente agradable… imposible en aquella ciudad y sin aire acondicionado…
El aroma de aquella loción masculina, por momentos volvía a llegar hasta Gloria… ¡Claro que la recordaba…! ¡Era la loción que usaba su padre, que había fallecido varios años antes…! Pero nuevamente Gloria lo atribuyó a su imaginación…
Yanely, desde la puerta del comedor, paseaba la vista de un lado a otro… Gloria pensó que ella estaba viendo a Pablito… Pero… ¿Había alguien más…? Aquel abrir y cerrar de la puerta… ¿A qué se debió…? Y… ¿Aquellos pasos…? Gloria estaba segura que no había nadie más en la casa… por lo menos nadie más… ¡vivo…!
Doña Tencha, con ese tacto que dan los años, y sobre todo la experiencia de manejar durante toda su vida aquellas facultades sorprendentes, tranquilizó a las visitantes y guió la charla por otros derroteros…
De pronto… “¡Ruuunnn… ruuunnn…!” el motor del aire acondicionado pareció volver a la vida… todas, menos doña Tencha, que parecía saber lo que ocurriría, voltearon hacia el aparato…

“¡Aaaaaayyyyy… aaaayyyy…!” Gritó asustada Olga, al mismo tiempo que trataba de levantarse de su silla… pero… aquella mano en su hombro derecho… aquella mano que nadie veía… se lo impidió… Estuvo a punto de desvanecerse… volteó hacia la vidente como buscando respuestas…
-No pasa nada –dijo doña Tencha- no pasa nada… “¡Paasshh… paasshh…!” Los pasos… “¡Criiiichhh… criiiichhh…!” La puerta de la entrada…
No les aclaró quién había sido y, en realidad, ellas no estaban con ánimo de preguntarlo…
Todo quedó en silencio, aunque el temor, la sorpresa, la angustia de las concurrentes eran casi palpables…
Doña Tencha se encargó de tranquilizar a las visitantes… pero aquel aroma a perfume de hombre… poco a poco parecía invadir el lugar… Martha y su familia, con grandes muestras de agradecimiento se despidieron con la seguridad de que la vidente se encargaría de “curarlas”… la indígena se dirigió a Gloria…
-A ti también han querido hacerte daño… pero todo les salió mal… Nadie te va a sacar de tu casa…
En ese momento, interrumpió Yaneli: -Gloria, ¿Por qué no le ofreces un café a tu papá…?
Gloria trató de bromear: -¡Dáselo tú, a ti te lo está pidiendo…!
La empleada salió y regresó con una taza de aromático café… la depositó a un lado de Gloria, quien, con la voz temblorosa, preguntó a doña Tencha: -¿Aquí está mi papá…?
-Sí, ha estado junto a ti toda la tarde- dijo con toda calma aquella sorprendente mujer… y lo describió a la perfección…
-¿Y se va a tomar el café…?
-No… déjalo allí… pero si lo pruebas después, verás que no sabe a nada… Pero, te decía, nadie te va a poder sacar de tu casa…
Gloria se quedó asombrada… aunque era cierto que había tenido varios problemas, sobre todo con la otra hija de doña Martha y su esposo, quienes tanto daño habían causado a Martha, ella nunca había pensado dejar aquella casa con una vista preciosa frente al mar… realmente, había encontrado frente a su casa pájaros muertos con algunas sustancias extrañas… y dentro de la casa, plumas de pájaros llenas de azufre, sin saber cómo llegaron allí, pero no sabía cuál era la finalidad de aquellos macabros objetos…
Hacía casi tres años, Gloria y su esposo habían acudido a la capital del estado a informarse acerca de la hipoteca de su casa, y en las oficinas correspondientes, les informaron que faltaban diez años para terminar de pagar el adeudo… en ese tiempo, la aparición de elementos de brujería había sido más y más frecuente…

Ante la muda interrogación de Gloria, la vidente continuó: -Tus vecinos –refiriéndose a los malvados padres del difunto Pablito- fueron con una bruja para que te hiciera “un trabajo”, para que te fueras de esta casa, pues siempre has sido amiga de Martha… pero por algo, la bruja hizo el trabajo contrario… ¡Nadie te va a sacar de tu casa…! ¡Ya es totalmente tu casa…!
Aquellas palabras causaron extrañeza en Gloria, y todavía sumergida en la incertidumbre, preguntó: -Y mi papá… ¿Está penando…? ¿Por qué…? ¿Está bien…?
-No está penando… está cuidando a tu hijo… Y quiere que sepas que está muy contento, porque te reconciliaste con tu hermana…
Gloria casi brincó de su asiento… ¡Nunca le había hablado a doña Tencha ni siquiera, que tuviera una hermana, menos aún que hubiera estado disgustada con ella…! ¡Y nuevamente la mención de su hijo, del que nunca le había hablado a la vidente…!
El café a su lado, seguía intacto, Gloria, de vez en cuando y en forma disimulada veía aquella taza inmóvil… El aroma del café parecía diluirse y sobresalía el tenue olor de la loción que usaba su padre… Yanely, sentada en una silla, parecía invitar a alguien invisible a que tomara el delicioso café que había preparado…
“¡Cliiiickkk…!” El interruptor de la luz, se escuchó en forma nítida… el foco se apagó… Gloria volteó a todos lados, sin ver nada… el “ruuunn, ruuunn” del aparato de aire acondicionado continuaba su monótono canturreo… desde lejos llegaba el “¡Plasshh… plasshh…! De las olas cercanas…
Afuera, el sol se ocultaba sumergiéndose suavemente, como un áureo clavadista, en el ancho mar…
“¡Paaasshh… paaasshh… paaasshh…!” unos pasos que se alejaban en la oscuridad… unos pasos que Gloria reconoció de inmediato… los pasos que había escuchado durante toda su vida… de aquel que, ahora sabía… cuidaba de su hijo…
Así terminó aquella “sencilla reunión”. Mientras Gloria llevaba a su amiga doña Tencha al poblado indígena en que vive, la vidente le aseguró que ella la iba a proteger de los daños que trataran de causarle, y repitió: “¡Tu casa… ya es totalmente tuya…!”
Pocas semanas después, Gloria se percató que en los recibos de pago de su esposo, ya no aparecía el acostumbrado descuento por el adeudo hipotecario… volvieron a viajar a la capital del estado… y en la oficina correspondiente, fueron informados que… ¡Podían solicitar la liberación de su hipoteca…! ¡Ya no debían nada…!
Volvió a resonar en su cabeza la voz de Tenchita: “¡Tu casa… ya es totalmente tuya…!”
Gloria, a la fecha, no sabe si inicialmente hubo algún error en la contabilidad que fue subsanado… pero definitivamente, lo que no se explica es ¿Cómo lo supo doña Tencha…?

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