“Una sencilla reunión”. Por Paco López Mejía

UNA SENCILLA REUNIÓN…

El relato de hechos verídicos que inicio hoy, por su extensión, lo dividiré en dos partes.
Hay algunas cosas que nos cuesta trabajo creer, pero lo que les voy a platicar me fue narrado por una persona digna de toda mi confianza: La señora a quien he llamado Gloria, misma que radica en una ciudad del norte del país, pero además, lo que me contó fue avalado del todo por su esposo, médico de profesión, con muchos años de ejercicio profesional y con el criterio suficiente como para no creer en supercherías.
Hace algunas semanas, en un relato que titulé “La vidente”, les platiqué de las extraordinarias facultades de una indígena conocida como Doña Tencha, que vive en un poblado cerca de donde radica Gloria. Solamente quiero recordar que la señora Gloria, llevó a su empleada Yanely a visitar a doña Tencha, a fin de que le ayudara en relación con las visiones que tenía; narré lo que vio y padeció la empleada al llegar a la humilde casita de doña Tencha, quien al verla, simplemente le dijo que no le podía ayudar, pues Yanely tiene el don de poder ver a los seres que han trascendido, y que también podría tener comunicación con ellos… que ella sola debería aprender a manejarlo…
En esa ocasión, Yanely, después de que fue informada por doña Tencha acerca del origen de lo que veía y que tanto miedo le causaba, con una seguridad que parecía haberle infundido la vidente, le dijo de pronto a la señora Gloria: “Y en tu casa… he visto a tu papá… varias veces…”
Pues bien, a raíz de esa manifestación de su empleada, y toda vez que su papá tenía años de haber fallecido, doña Gloria invitó a la señora Tencha a que la visitara en su casa y, a pesar de que la indígena no acostumbra salir del poblado donde vive, accedió a hacerlo, seguramente por la estimación y gratitud que siente hacia Gloria, pues frecuentemente le lleva hasta su humilde casa ropa, alimentos y todo tipo de ayuda.

Así pues, acordaron el día en que doña Tencha visitaría a Gloria, quien conociendo a la indígena, sabía que la vidente no faltaría a la cita, y aprovechó para invitar a unas vecinas con las que ha hecho buena amistad, y de las que sabía que tenían diversos problemas familiares: Una hija de su vecina Martha y el esposo de esa hija, le causaban muchos problemas, y un hijo de ellos, nieto de Martha, un joven de buen corazón, muy querido por ella y por todos los que lo conocieron, había fallecido víctima de una enfermedad… Además, frecuentemente encontraban en su casa o en los alrededores objetos relacionados con la brujería, sufrían enfermedades, accidentes, robos… y, obviamente, la señora Tencha no sabía nada acerca de las otras mujeres que estarían en la reunión…
Una tarde, bajo el fuerte calor de aquellos lugares, solamente aliviado por la suave brisa marina que de vez en cuando refrescaba el ambiente, Gloria fue al poblado indígena en donde vive doña Tencha, y la llevó a su casa, que nunca había visitado… apenas entrando a la casa, volteó de inmediato hacia una esquina de la sala y se quedó viendo fijamente a la nada… ¿a la nada…? Esbozó una ligera sonrisa que marcó aún más las arrugas de su rostro indígena, como tallado en madera y curtido por el sol… y no dijo nada… Yanely, la empleada de Gloria que tiene el don “de ver” lo que los demás no ven, entró a saludar a doña Tencha y también dirigió la vista hacia aquella esquina… hubo entre las dos una rápida mirada de complicidad que no pasó inadvertida a Gloria, pero a pesar de sentir un ligero escalofrío, no hizo preguntas… Yanely se retiró, y la anfitriona y su invitada se sentaron a la mesa del comedor, y empezaron a platicar de cuestiones intrascendentes… Gloria dudaba si debía informarle a la vidente que asistirían otras mujeres aquella tarde, y alargaba la conversación antes de entrar al tema por el que había invitado a la señora Tencha…
Cuando estaba a punto de decirle que asistirían otras personas, tocaron a la puerta; Yanely salió del fondo de la casa y abrió, dando paso a las visitantes: La señora Martha, su hija Olga, su nuera y una nieta…
-Discúlpeme doña Tencha –empezó a decir Gloria-, invité a la señora Martha para que…
Con una sonrisa, la vidente detuvo las explicaciones de Gloria, mientras extendía sus encallecidas manos a las recién llegadas…

-No te preocupes –dijo la indígena-, lo supe cuando entré…
Ante el asombro de todas, doña Tencha se limitó a sonreír…
Se sentaron todas alrededor de la mesa, mientras Yanely les ofrecía café o refresco… Aquello parecía una sencilla reunión de amigas…
Mientras platicaban de cualquier cosa, Yanely sirvió café para todas… lo que daba a la reunión un aspecto más trivial… Pero en un momento, Gloria advirtió que su empleada, de pronto, miraba disimuladamente hacia atrás de Martha… ¡Pero también al lado de la propia Gloria…! Conociendo las facultades de Yanely, Gloria también en forma discreta, vio hacia atrás de Martha, pero no pudo ver nada… volteó hacia su derecha… y ahí no había nadie… sólo percibió un ligero aroma a una loción masculina que no había vuelto a oler desde hacía varios años… Lo atribuyó a su imaginación…
Hablaron de varios temas, tal vez dando tiempo a que las visitantes se sintieran en confianza para platicar a doña Tencha sus tribulaciones…
La bien iluminada estancia, gracias a un aparato enfriador de aire, tenía un clima fresco, a diferencia de la elevada temperatura de la calle… Los habitantes de esos lugares están acostumbrados al sonido monótono de los aparatos que acondicionan el ambiente… de pronto… la lámpara del techo… parpadeó… empezó a bajar su intensidad poco a poco… el comedor se oscurecía sensiblemente… pero el aparato de aire acondicionado seguía funcionando como si nada ocurriera… ¡El foco se apagó…! La luz que entraba por la ventana de la sala apenas iluminaba el comedor, donde se encontraban… Gloria, de manera instintiva volteó a ver el foco… pensó que tal vez se había fundido, empezaba a levantarse de su silla… ¡Cliiinck…! Una cuchara había caído al suelo… y ¡Cliiiinck…! Otra cuchara…
A la tenue luz que entraba por la puerta, Martha y Gloria pudieron ver que la vidente sonreía ligeramente… cuando de pronto el foco pareció revivir…

Al volver la luz, Martha se dio cuenta que en su plato había café derramado… en ese momento entró Yanely y se dirigió sin dudarlo a levantar las dos cucharas que estaban en el suelo entre las sillas de Martha y su hija Olga… como si supiera en donde habían caído… o como si supiera… quién las había tirado…
Las deliciosas galletas preparadas por Gloria, que estaban perfectamente acomodadas en un platón en el centro de la mesa, se veían en desorden… lo que de inmediato advirtió Gloria, pues se dedica precisamente a cocinar y a organizar banquetes en eventos sociales…
Todas las miradas, en una muda interrogación, se dirigieron a doña Tencha, quien seguía impasible, con una muy ligera sonrisa y con esa actitud casi inexpresiva tan propia de nuestros indígenas…
– Es tu nieto…- le dijo sin inmutarse a Martha, quien sintió que se le helaba la sangre… ¡Todavía no le había platicado nada a doña Tencha…!
Martha abrió desmesuradamente los ojos, buscó a todos lados mientras una lágrima rodaba por sus mejillas… ¡Nada… ella no veía nada…!
“¡Clinck, clinck, clinck…!” Su taza de café empezó a vibrar ligeramente… todas voltearon a verla, mientras Martha pugnaba por no levantarse de su silla… miraba a doña Tencha… Miraba a su hija… veía a Gloria… como buscando explicaciones… todas las asistentes miraban a la taza y se veían unas a otras… sin saber qué hacer… La taza pareció “tranquilizarse”… El foco parpadeó nuevamente… el aparato de aire acondicionado, pareció detenerse y arrancar… detenerse y arrancar… una y otra vez, mientras la indígena, impasible, levantando las manos suavemente, les pedía calma…
-No pasa nada- dijo con toda tranquilidad la vidente-. No pasa nada… es tu nieto… siempre ha estado detrás de ti…
Y ante el asombro de todas, lo describió a la perfección…
Yanely, de pie a un lado de la mesa, asintió con la cabeza… “Lo he visto varias veces… Aquí estaba desde que llegó Tenchita…” se limitó a decir…
Esta historia… continuará…

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