“Los 100 días de Covid 19 en México. Preguntas sin respuestas”. Por Mario Alejandro Hernández Durán

Por MARIO ALEJANDRO HERNÁNDEZ DURÁN*

Desde hace algunas décadas en México se acostumbra realizar un balance del trabajo efectuado los primeros 100 de gobierno. En realidad, más que un informe, el objetivo es conocer el estado en que recibieron la administración y delinear los programas y acciones más importantes que definirán el rumbo de su periodo.

Bajo esta “tradición”, al inicio de esta semana el Covid 19 cumplió en México sus primeros 100 días y es menester hacer un análisis de la forma en que ha sido combatido por los tres órdenes de gobierno.

El virus, habrá que reconocer, ayudó a desnudar problemas estructurales del sector salud -tanto federal como estatal- y a mostrar la profunda división política que existe en el país, sin menoscabo de la muy limitada cultura cívica nacional.

En primer lugar, habrá que advertir que tanto México, como país, y Michoacán, como estado, se encuentran por encima de la media mundial de letalidad del virus, lo cual los obliga a brindar explicaciones a la población y responder a la pregunta ¿por qué nos morimos más en México y Michoacán que en otras partes del mundo? Si, hasta el momento, el país cuenta con capacidad hospitalaria y técnica suficiente para atender a la población enferma.

Ni en México ni en Michoacán hemos observado personas muriéndose en las calles o en sus casas o cadáveres amontonados en los pasillos de hospitales, como lo sufrieron en otros países, pero tenemos casi el doble de porcentaje de letalidad que otras naciones.

También se mantiene la duda de ¿por qué países más desarrollados como Bélgica, España, Italia, Reino Unido o Estados Unidos alcanzaron el número de muertos que reportan las estadísticas?. Si se hiciera un número comparativo por cada 100 mil habitantes México no saldría mal parado, tomando en cuenta los múltiples problemas estructurales que en materia sanitaria existen y a pesar de la cuestionada estrategia gubernamental de rechazar la aplicación de pruebas para detectar los casos asintomáticos o con síntomas moderados.

También falta una explicación de ¿por qué en México, a pesar de la desobediencias civil para mantenerse en casa, de no usar cubre bocas, de mantener abiertos establecimientos comerciales no esenciales, no se expandió el virus como la mayoría de los simuladores matemáticos había calculado?. Porque para que el ocultamiento o manipulación de cifras sea posible, se requiere de la participación de todos los gobiernos estatales, lo cual es altamente improbable dadas las enormes diferencias políticas que existen con el Gobierno Federal.

La pandemia desnudó también la enorme capacidad de simulación y ambición de algunos gobernadores que aprovecharon la oportunidad para promocionar su imagen y posicionar temas que, si bien importantes, resultaban imprudentes y mezquinos durante una emergencia sanitaria en donde cientos de personas estaban perdiendo la vida.

Pero al final, muchas de las acciones emprendidas no representaron beneficios directos para la población –aunque sí para la imagen personal de algunos gobernadores como la del mandatario michoacano- porque fueron sólo simulaciones. Como ejemplo, el Decreto publicado el 20 de abril en el Periódico Oficial del Estado de Michoacán, por el que se impuso “el aislamiento obligatorio ante la pandemia del virus SARS-COV2 (Covid 19)”,  mismo que fue aplicado de forma discrecional, ya que a pesar de las tres manifestaciones registradas en Morelia –para exigir apoyos económicos o para rogar que no trasladaran al Monarcas Morelia a Sinaloa- no hubo ningún impedimento por parte de la policía y, por tanto, surgió la pregunta: ¿Por qué en esos casos no actuó la autoridad como lo establecía el mencionado Decreto, como sí lo hizo en contra de otras personas a quienes incluso se les trasladó a barandilla?

Tampoco hubo, como en otros países que impusieron el confinamiento obligatorio, medidas de protección integrales en el transporte público –cancelación de asientos y avisos-, en los mercados, en la vía pública –permisos temporales para salir a realizar compras-, por mencionar sólo algunos.

Y para colmo, la Organización Mundial de la Salud, expuso que para que el cubre bocas sea efectivo, en caso de ser de fabricación casera –como la enorme mayoría de los que usa la gente- deben elaborarse cumpliendo con algunos requisitos mínimos -higiene, tres capas de tela, lavado constante-, que prácticamente nadie cumplió porque nadie se lo informó… y usar un paliacate no fue el mejor ejemplo.

Al final, el Programas Nacional de Sana Distancia concluyó el 1° de junio y con la incorporación de actividades como el ensamblaje automotriz, minería, construcción dio inicio, en pleno “pico de la pandemia”, el arranque de actividades, incluso las que estaban consideradas como no esenciales.

Para los políticos en México, el éxito o fracaso de la atención a la pandemia se mide en puntos de aceptación y no en contagiados o fallecidos. Lo importante para ellos es posicionar su imagen a través de despensas, compra de espacios en redes sociales o declaraciones estridentes que poco abonan para resolver, de fondo, el problema.

A fin de cuentas, los resultados de una encuesta para conocer la “percepción” de la ciudadanía sobre el trabajo realizado por sus gobiernos para atender la pandemia sirven sólo para calificar si su estrategia de comunicación funcionó o fracasó, no para determinar si la atención brindada a la población, especialmente la que resultó afectada, fue la correcta. Por lo pronto, México (11.6) y Michoacán (8.8) se encuentran por encima del promedio mundial (6) y latinoamericano de letalidad.

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*Mario Alejandro Hernández Durán. Es licenciado en Periodismo y Licenciado en Derecho. Maestro en Derecho de la Información y doctorante en Derecho. Tiene 25 años de experiencia en medios de comunicación. Fue director de la Facultad de Periodismo de la UDEM; coordinador de Comunicación Social en el Congreso del Estado; subdirector de Radio en el SMRyTV; además de académico en diversas universidades.

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