“Los tres milagros de la Lupita”. Por Rosa María Sánchez

Por ROSA MARÍA SÁNCHEZ RINCÓN*

Una vez hace más de 20 años, Marco Jair López Sánchez y Heber Sanchez se me perdieron. Bebitos entonces, ya se sentían niños grandes y me pidieron permiso para ir a la tienda que estaba a media cuadra, sobre la misma acera de nuestro hogar en ese entonces, y yo accedí.

Era una ruta recta de ida y vuelta a la tiendita de los abuelos, apenas media cuadra, me insistí. “No hay pierde”, pensé…. y me equivoqué.

Dejé pasar un tiempo prudente. Cuando vi que tardaban, me encaminé al tendejón pensando que quizá habría mucha clientela y a los abuelos se les complicaba atender. Nada.

Busqué. Regresé a mi hogar. Nada. Di la vuelta a la manzana. Nada.

Sorpresa: en su recién adquirida independencia, mis retoños decidieron regresar a casa dándole la vuelta completa a la pequeña manzana y utilizando un viejo andador. En pocas palabras, nos hicimos bolas.

El primer milagro me lo hizo Tonantzin Cua’tlashupe (Mamá Guadalupe), cuando salía de mi hogar, teléfono y dinero en mano. Era mi padre, don Rodolfo, un hombre sabio en ese y muchos otros temas de la vida, que de casualidad iba pasando por la cuadra. Le conté, llorando, lo que había pasado. No hubo reclamos ni regaños, subí al auto y comenzamos a buscar en forma de espiral. Nada. Nos detuvimos un momento afuera de mi casa. Iba por fotos y documentos para presentar un reporte oficial.

Minutos antes, mi padre me había tomado de la mano y me dijo: “Pídele a la Virgen de Guadalupe que los cubra con su manto, que los proteja hasta que te vuelvas a reunir con ellos”.

Ahí fue el segundo milagro: Cuando abrí la puerta y miré a los dos pequeños chiquillos que estaban sentados, jugando, hartándose de los dulces que habían comprado y que me presumieron.

No hubo reclamos ni regaños. Sólo abrazos y besos. Mi padre lloró conmigo, me dijo “ya ves mensa, ella siempre los cuida”.

Hoy la Doñita del Tepeyac me hizo el tercer milagro: permitir que recuerde a mi padre así, en su sabiduría plena, en su amor total. El que poco disfruté, pero que fue suficiente para rememorarlo así, conmigo, con mis hijos.

A mí no me engañan, los milagros existen, tanto como los Santos Reyes y el monito ese que se llama Santa Claus, mi vida tiene muchos ejemplos de ello.

PD. Felicidades a las Lupes, a todas, empezando por la mía.

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  • Rosa María Sánchez Rincón. Es periodista con 30 años en el ejercicio profesional. Ha sido jefa de Información y de Redacción en diversos medios de comunicación, así como fundadora de varias empresas de este ramo.

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