"Salario mínimo y cultura". Por Laura Sillas.

“Salario mínimo y cultura”Laura Sillas

Por Laura Sillas.
En estos días en los que se ha cuestionado lo raquítico del salario mínimo en México y en el que organismos, como la Comisión Económica para América Latina y el Caribe lo ha calificado como “uno de los peores de América Latina”, surge el interrogante de qué tanta relación tiene este aspecto con el incremento de la delincuencia en el país y encontramos muchas respuestas ante ello.
Encontramos que no sólo a la falta de recursos económicos en la población se debe el aumento de los actos delictivos, sino también a la carencia de condiciones que fomenten el desarrollo de la cultura entre los habitantes del país.
Hay dos nociones principales del término cultura; la primera de ellas se refiere al legado de un pueblo en cuanto a la manifestación de sus tradiciones, creencias y forma de concebir al mundo y la segunda tiene que ver con los conocimientos adquiridos por el ser humano a lo largo de su vida y cómo éstos forman parte de su comportamiento ante la sociedad.
Cuando se dice que una persona tiene mucha cultura o es culta, nos referimos a que tiene conocimientos en diversos ámbitos, esto tiene que ver desde la historia personal de cada individuo, de cómo el ámbito en el que se desarrolla ha influido en su formación sociocultural, pero qué sucede cuando las condiciones han sido adversas y el individuo ha crecido en un ambiente en el que se ha desatendido esta parte en su vida.
Es aquí cuando entra el papel del Estado, como eje rector para propiciar las condiciones que fomenten el desarrollo sociocultural del ser humano, históricamente este aspecto ha estado olvidado por el sector gubernamental, como resultado tenemos individuos que al tener una visión del mundo centrada en la acumulación de riquezas y al verse desprovista de ellas se dedique a delinquir para conseguirlas.
De lo contrario, al fomentarse el desarrollo cultural del ciudadano el camino de la delincuencia no sería una opción para la población que opta por ello.
Tan importante es el incremento del salario mínimo, como un replanteamiento de las políticas culturales que fomentan la integración de todo individuo desde que inicia su formación educativa, que le permita apreciar su cotidianidad desde una visión distinta a la acumulación de riquezas.
Ante ello tendríamos ciudadanos a los que les resultaría más importante asistir a un concierto de la orquesta sinfónica de su ciudad, que encender el televisor y ver el partido de futbol. Tendríamos adolescentes que en lugar de enlistarse en un grupo delictivo se integraría en un colectivo artístico.
Concentrar esfuerzos para formar ciudadanos que opten por lo intangible, que sea un elemento de ocupación en sus vidas es tarea tan importante como el aumento de un salario mínimo que sea suficiente para satisfacer las necesidades básicas del individuo.
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