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DÍA DEL AMOR Y AMISTAD. A sus casi 80 años se casaron este 14 de febrero

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  • “Ya pasamos tantas cosas”: a los 78 y 60 años, se casan después de una década juntos

Morelia, Michoacán.- El fresco de la mañana no logró opacar la sonrisa de Gloria Cristina Vázquez García. “Nerviosa, nerviosa no… lo que tengo es mucho frío”, decía entre risas mientras esperaba
El inicio de la boda.

A su lado, José Manuel Ibarra Espinosa, de 78 años —cumple 79 el 19 de febrero— la miraba con la serenidad de quien ha aprendido que el amor no siempre llega en la juventud, pero cuando llega, se defiende.

Después de más de diez años en unión libre, decidieron casarse en la campaña estatal de matrimonios colectivos. No era una promesa improvisada ni un impulso romántico del Día del Amor. Era una decisión construida entre hospitales, cirugías y cuidados compartidos.

Se conocieron hace años en la Casa de la Cultura. Él trabajó ahí durante dos décadas; ella asistía con su madre a los eventos. “Ahí fue donde nos conocimos”, recuerda José Manuel. Nunca hubo una petición formal. “No se lo pedí, ella quiso”, dice él, con humor.

Pero su historia cambió cuando la enfermedad tocó la puerta. A él le amputaron ambas piernas. A ella le diagnosticaron cáncer. Fue entonces cuando la relación dejó de ser casual para volverse imprescindible.

“Nos juntamos los dos en la enfermedad. Yo lo cuidaba a él. Después él me tuvo que cuidar a mí… y ahí andaba. Entonces todo eso nos llevó a tener ciertos sentimientos”, cuenta Gloria, de 60 años.
“Ya pasamos tantas cosas y Dios nos permite seguir juntos. Pues vamos a juntarnos, vamos a casarnos”.

El amor, para ellos, no fue una declaración apasionada, sino una decisión diaria de permanecer.

José Manuel había estado casado antes; enviudó y sacó adelante a sus hijos. Hoy es abuelo. Gloria, en cambio, nunca se había casado ni había tenido hijos. “Es la primera vez que me caso”, dice con una mezcla de sorpresa y felicidad que todavía parece no terminar de creerse.

Cuando se les pregunta qué admiran el uno del otro, las respuestas no hablan de gestos grandilocuentes, sino de carácter y paciencia.

“Es un hombre que se enoja ahorita y a los diez minutos ya está contento otra vez… es muy paciente, maravilloso… es mágico este hombre”, dice ella.

Él sonríe y responde: “Es muy sociable. No discutimos mucho. A veces es enojona, pero hay que conservarla”. Entre bromas de signos zodiacales —Leo y Acuario— se interrumpen, se corrigen y se acompañan con naturalidad.

José Manuel hoy se dedica a elaborar figuras con cartón reciclado. Regala algunas a taxistas y conocidos. “Bendito sea Dios me ha dado licencia de aprender rápido”, comenta. Las manos que ahora crean figuras son las mismas que cuidaron a Gloria durante su enfermedad.

Ambos nacieron en la Ciudad de México, aunque él llegó a Morelia siendo muy joven y prácticamente se considera moreliano. Ella arribó a los 25 o 26 años. Aquí se encontraron y aquí decidieron formalizar su historia.

En medio de casi 200 parejas que ese día se dieron el “sí” colectivo, su historia no destacó por la juventud ni por vestidos ostentosos, sino por la fuerza silenciosa de haber resistido juntos.

No esperaban sentirse así. “Ha sido algo muy bonito… siento un ambiente muy alegre. Realmente no lo esperaba”, confiesa Gloria.

Después de amputaciones, cáncer, viudez y más de una década compartiendo la vida sin papeles de por medio, el matrimonio no fue un comienzo, sino una confirmación: que el amor también puede florecer en la adversidad, que puede esperar, que puede reconstruirse.

Y que a veces, el “sí, acepto” no es una promesa hacia el futuro, sino un agradecimiento por todo lo que ya lograron sobrevivir juntos.

Fotos: Alfredo Soria/ACG.