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OPINIÓN. “Un pedazo de cerámica contra la tiranía – el Ostracismo”. Por Araceli Gutiérrez Cortés

Por ARACELI GUTIÉRREZ CORTÉS*

La palabra Ostracismo se formó a partir de óstrakon que significa

concha o caparazón.

Pongamos contexto. En la antigua Grecia, allá por el 500 a. C., se organizó por primera vez en la historia una forma de tomar de decisiones que ya no se concentraba sólo en un Rey, sino en un grupo de personas más amplio donde estaban representadas las tribus, los comerciantes, los marineros y otros sectores, a lo que más tarde llamaríamos democracia, pero en aquel tiempo se llamaba Isonomía (era igualdad ante la ley).

Esa forma de organización resultó ser valiosa y efectiva, por lo que se creó un mecanismo para defenderla, así que, para evitar que un líder carismático o un militar acumulara tanto poder como para restaurar la tiranía, se instauró la votación del ostracismo.

Si la asamblea consideraba que algún ciudadano era un peligro para la estabilidad del régimen; una vez al año, si se reunía el quórum, los ciudadanos escribían el nombre del sospechoso en fragmentos de cerámica rota o en conchas (óstraka, óstrakon), y quien recibía más votos era exiliado de la ciudad durante diez años, pero no perdía ni su patrimonio ni su honor civil. De esta manera se salvaguardaba la isonomía o ese esfuerzo de igualdad en la toma de decisiones.

La paradoja de nuestro tiempo es evidente: mientras que en el siglo V a. C. se protegía al sistema enviando al caudillo al exilio para preservar la igualdad, en el siglo XXI las democracias suelen autodestruirse en las urnas cuando la ciudadanía entrega el control absoluto a liderazgos que prometen soluciones mágicas.

Definitivamente desterrar a una persona o anular sus derechos políticos es jurídicamente inadmisible en cualquier Estado constitucional. Sin embargo, la lección de fondo que nos heredaron los griegos sigue más viva que nunca: la democracia no sobrevive por inercia y el carisma sin freno engendra tiranía.

Los griegos entendieron con claridad que el mayor riesgo para la libertad no proviene siempre de invasores extranjeros, sino de la concentración desmedida de poder en figuras carismáticas capaces de desmantelar las reglas del juego desde adentro.

El ostracismo contemporáneo no radica en expulsar a los líderes populares, en violentar derechos humanos o en cancelar al adversario, sino en el ejercicio de un voto maduro, crítico e informado capaz de poner límites al abuso, de castigar la soberbia del gobernante y recordarle que el poder público es siempre prestado, transitorio y subordinado a la ley.

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*Araceli Gutiérrez Cortés. Es abogada por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo; cuenta con dos maestrías: En Gobierno y Asuntos Públicos; y, Derecho Procesal Constitucional. Actualmente cursa el Doctorado en Derecho Electoral. Integrante de Abogadas de Michoacán A.C. Ha sido asesora en el Senado de la República. Funcionaria, consejera y presidenta del Instituto Electoral de Michoacán (IEM).