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La Página


Por ANA MARÍA CANO


Morelia, Mich; 23 de junio del 2022.- Iconsistencias, nerviosismo, coraje y desilusión persistieron en juicio oral del feminicidio de Jessica González Villaseñor.

El reloj marcó las 13:30 horas de este día cuando inició una audiencia más para buscar al culpable de la muerte de Jessy, como la llamaban sus allegados.

Sin llegar a nada concreto y con los testimonios de solo dos testigos de los cuatro que asistieron, se acordaron dos audiencias más para el próximo primero y 11 de julio.

Esta ocasión, la defensa del imputado, Diego Urik N. aumentó de tres a seis abogados, y un asesor.

Después de entrar el juez a la sala de oralidad número 16, ingresó Diego Urik N, traía un pants blanco con rayas negras de la marca Adidas, sus tennis Nike negros detonaban eran nuevos.

Con las manos atrás, sin mirar a la audiencia y custodiado por dos policías, llegó a dónde estaban sentados sus abogados a quienes saludó de puño y sonriente.

Inmediatamente todos se abalanzaron a los oídos de su defendido como dándole consejos.

Esta ocasión se presentó más gente a escuchar la audiencia, el calor se intensificó y el ambiente se hizo tenso.

Se llamó al primer testigo, fue el hermano de Jessica, quien al tomar su lugar buscó con la mirada a Diego, quien miró al suelo sin hacer contacto con él.

Con un nudo en la garganta y quebrándosele la voz, tuvo que relatar el último día que vio con vida a su hermana así como el día, aquel 21 de septiembre del 2020 que desapareció, sin duda alguna lo peor fue recordar el día 25 de ese mes que tuvo que reconocer el cuerpo de su hermana cuando fue encontrado sin vida, violada y con 30 golpes en la cabeza.

“Estaba golpeada de toda su cara, llena de sangre y tierra, y la reconocí por sus tatuajes”.

Las preguntas de la defensa del imputado llegaron a los gritos en algunas ocasiones e hicieron que titubeara y fuera inconsistente en sus respuestas, la mirada de Diego estaba totalmente sobre su rostro, lo que hizo se notara el nerviosismo del testigo.

“Es difícil para mí recordar que mataron a mi hermana”.

El juez, en varias ocasiones tuvo que poner en su lugar a la defensa por querer tomar atribuciones que solo a él correspondían.

Los padres de quién en vida iniciara su carrera de maestra, se veían desconcertados por la forma como acorralaban a su hijo y verlo a punto de llorar.

El tono de sus respuestas ya se sentía cansado y harto, por lo que el juez tuvo que pedirle moderada su forma de responder.

Piden ingrese el segundo testigo, Diego voltea a la puerta por donde debe ingresar, parece no saber de quién se trataba, cuando lo ve cambiar, no le quita la vista, está vez, sin risas, su rostro siempre estuvo serio, no jugó con sus manos, se veía confiado.

El segundo testigo ingresa a la sala a la 3 y media de la tarde, a esta hora se sentía el cansancio en los presentes, hasta Diego se movía en su silla que colocaron detrás de sus seis abogados y que era custodiado por un elemento de seguridad.

Este testigo era amigo de Jessica, dijo haber salido con ella y estar en una fiesta días antes de su asesinato.

Nuevamente la defensa trató de buscar imprecisiones, él casi no levantó la mirada del suelo, tuvo que pedirle el juez hablara más fuerte porque no se escuchaba su voz.

Dijo haberse enterado de la desaparición de su amiga por los medios de comunicación que publicaron la noticia.

“Lo que hice fue constatar la noticia con otra amiga y compartir la publicación de su desaparición”.

Las cuatro en punto, y se acabó el tiempo, faltaron dos testigos por testificar, eran las amigas de Jessica, y todo quedó igual.

El juez da dos nuevas fechas de audiencia y señala quisiera se diera el proceso más rápido para llegar al fin de este caso donde le quitaron la vida a una joven de tan solo 21 años.

En ese momento grita la mamá de Jessica.

“Llevó más de un año buscando justicia para mi hija, estoy agotada de ver qué no avanzamos más”.

El juez responde “Vamos a avanzar para poder concluir de manera pronta este proceso”.

Todo terminó, Diego es conducido nuevamente a su celda, su papá, es custodiado por dos policías hasta el estacionamiento donde dejó su carro.

Nuevamente, la justicia para Jessica debe esperar.