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Por ANA MARÍA CANO

Morelia, Michoacán.- ¡Todo se puede, en la vida siempre hay retos, Dios nunca nos da más de lo que podemos soportar, hoy me siento más fuerte que nunca!, son las palabras del arquero michoacano, Samuel Molina, al recordar el accidente que sufrió hace años y quien participará en los Paralímpicos de Tokio.

Originario de Apatzingán y quien ahora es el abanderado y representante de Michoacán, recuerda con actitud el accidente que vivió en Estados Unidos y que lo dejó en una silla de ruedas, pero, como él mismo lo dice en entrevista para la PáginaNoticias “considero que después de mi accidente mi mente es más fuerte para lograr y conseguir lo que quiero sin límites”.

Es el primer arquero en la historia de Michoacán en calificar a unos Juegos Paralímpicos y tiene la seguridad de conseguir una medalla para México porque cuenta con las condiciones para ello.

Samuel Molina saldrá el próximo día 19 de este mes a Tokio, ya que su participación se prevé el día 27, lo cual lo hace sentir entusiasmado y darle gracias a Dios por la posición en la que ahora está.

“Estoy muy contento, muy feliz, animado y sobre todo echándole muchas ganas al entrenamiento así como haciendo lo adecuado con muy buenas esperanzas. Por lo que espero tener una buena presentación y dar una medalla a Michoacán y a México”.

Con 39 años de edad, recuerda su tierra que es Apatzingán, a la cual regresó después de su accidente mientras vivía en Estados Unidos, su regreso fue triste y lleno de depresión, pero el deporte de paratiro con arco, dice, le salvó la vida y hoy lo tiene a punto de partir a Tokio.

“Hace 15 años de mi accidente, tengo cuatro años practicando este deporte, me deprimí durante muchos años, pero tuve que cambiar mis pensamiento y pensar en qué era lo que quería lograr, Dios me dio la oportunidad de quedar vivo para seguir adelante. Busqué la oportunidad de hacer deporte y aquí estamos”.

La ayuda de su familia para salir adelante fue esencial, durante estos años ha logrado obtener primeros lugares y medallas que han colgado de su cuello, pero fue en el Panamericano celebrado en Nuevo León, donde ganó primer lugar, lo que le dio el pase a Tokio.

Su instrucción deportiva la inició en Apatzingán con el profesor Juan Antonio Concha, ambos creyeron que podrían lograrlo, y han recorrido el mundo obteniendo grandes logros.

“No he parado desde entonces, yo quiero ser ejemplo, fomentar el deporte y a la vez, servir como inspiración, de que, ante cualquier adversidad, se puede salir adelante y que el deporte es un gran aliado”.

Estos, dijo, son sus primeros juegos paralímpicos, pero no serán los últimos, porque sus fuerzas y entusiasmo, pero sobre todo la fe en sí mismo, lo llevarán a seguir escalando lugares en pro del deporte.

“Todo lo que estoy trabajando es con el objetivo de hacer una buena representación, quiero decirle a Michoacán y a todo México que voy a imponer un buen lugar a pesar de los obstáculos hacia el deporte, pero cuando tenemos un objetivo claro, y cuando sufre uno, la victoria sabe mejor”.