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OPINIÓN. “Dos Gobiernos, Dos Michoacanes: Cifras y Discurso”. Por Guillermo Valencia Reyes

Por GUILLERMO VALENCIA REYES*

Hay gobiernos que se miden por sus discursos y hay gobiernos que se miden por sus obras. El de Víctor Manuel Tinoco Rubí pertenece a esta segunda categoría, esa especie en extinción de administraciones que dejaron huella verificable en el territorio michoacano. Mientras hoy escuchamos interminables narrativas sobre transformación y bienestar, vale la pena voltear la mirada a un sexenio que transformó literalmente la geografía económica y social de nuestro estado sin necesidad de eslóganes grandilocuentes ni ejercicios de propaganda. Un gobierno que construyó cuando otros apenas prometen, que conectó cuando otros dividen, que exportó cuando otros importan pobreza.

El gobernador Alfredo Ramírez Bedolla ha declarado recientemente que su administración no ha generado deuda pública. Que, gracias a la Ley de Disciplina Financiera, Michoacán está en un camino de saneamiento. Las cifras oficiales de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público cuentan una historia radicalmente distinta. Más aún, cuando comparamos su gestión con la del último gobernador priísta que verdaderamente transformó Michoacán, la diferencia no es solo de magnitudes sino de mundos completos. Hagamos ese ejercicio comparativo en tres dimensiones: obra pública, manejo de la deuda y entorno de seguridad y desarrollo. Los números no mienten, aunque los discursos lo intenten.

Los números, esos testigos incómodos que no se doblegan ante la retórica, hablan por sí mismos. Entre 1996 y 2002, las 113 cabeceras municipales de Michoacán quedaron conectadas a la red de carreteras nacionales. La Autopista Siglo XXI que comunica Morelia con el puerto de Lázaro Cárdenas fue una obra inmensa que incluyó 150 puentes, 12 de ellos de más de 70 metros de longitud, y que literalmente redibujó la vocación económica de Michoacán al conectar el corazón del estado con la salida natural al Pacífico. Esa autopista sigue siendo hoy la columna vertebral del comercio michoacano.

Se levantaron los tecnológicos de Ciudad Hidalgo y Cherán, se ampliaron los de Uruapan, Zitácuaro y La Piedad. Se creó la Universidad Tecnológica de Morelia con un modelo educativo innovador que forma técnicos superiores universitarios cuando otros estados apenas discutían la pertinencia de la educación técnica. Se construyó la Escuela Normal de Educación Física con instalaciones de nivel internacional.

En salud, se construyó el Hospital de la Mujer, se concluyeron las Unidades Médicas de Pátzcuaro, Arteaga y Chilchota del ISSSTE, las de La Piedad y Puruándiro del IMSS, los centros de salud de Jacona y Múgica, el Hospital de Cherán. En total, 21 centros de salud en 17 municipios y 12 hospitales que colocaron a Michoacán en el sexto lugar nacional en número de hospitales. Hoy, dos décadas después, seguimos usando esa infraestructura mientras los nuevos gobiernos apenas logran mantenerla operando.

Ahora hagamos la pregunta incómoda: ¿cuál es la obra emblemática de Bedolla? ¿Qué infraestructura transformadora dejará cuando termine su gestión en 2027? ¿Qué carretera, qué hospital, qué escuela, qué planta de tratamiento podrá presumir como legado permanente?

¿Los teleféricos?  Los que apenas serán usados por entre 15 y 19 mil personas al día en Uruapan, que tiene 356 mil habitantes y entre 20 y 22 mil personas en Morelia, que tiene 850 mil habitantes.

En cambio, todos los michoacanos seguimos usando las carreteras de Tinoco, los hospitales de Tinoco, las escuelas de Tinoco. ¿Qué usaremos de Bedolla dentro de veinte años? La comparación gana de calle para Tinoco Rubí.

Ni qué decir de la planta potabilizadora de agua, que costará al menos 500 millones de pesos, cuestionada por sus antecedentes de mala administración y expansión urbana desmedida en zonas de recarga natural. Existe la duda sobre si la nueva infraestructura solucionará el problema de raíz o si la gestión operativa del OOAPAS será eficiente; a la par que está el fantasma de las obras de mala calidad, recordando casos pasados donde pozos nuevos no proporcionaron el agua esperada; mientras que el financiamiento y la transparencia sabemos que no son su fuerte en la obra pública. Por si fuera poco, la planta depende de la disponibilidad de agua cruda. Si los acuíferos siguen sobreexplotados y no se protege la zona de recarga, la planta podría tener capacidad instalada sin agua que tratar. La atención hacia Morelia en año preelectoral parece ser más un pacto de complicidades políticas que la respuesta a una problemática olvidada.

En contraste, la visión del Lic. Tinoco no se limitaba a cemento y acero. Y aquí viene el dato más revelador: todo esto se hizo reduciendo la deuda pública. Víctor Manuel Tinoco Rubí recibió el gobierno en 1996 con una deuda de 256.2 millones de pesos y lo entregó en 2002 con 152.8 millones. Redujo la deuda pública estatal en 103.4 millones de pesos, una disminución del 40.3%. Cuarenta por ciento de reducción mientras construía autopistas, hospitales y escuelas. Demostró que es posible hacer obra pública sin destruir las finanzas estatales.

Alfredo Ramírez Bedolla recibió el gobierno en 2021 con una deuda de 20,314.2 millones de pesos. Al cierre proyectado de 2025 la deuda es de 23,048.5 millones. Ha incrementado la deuda pública en 2,734.3 millones de pesos, un aumento del 13.4%. Las cifras son oficiales, están en la página de la SHCP, son verificables. Bedolla puede decir en sus discursos que no ha generado deuda, pero los números no mienten.

Y lo que es peor: ha utilizado una trampa contable burda, refinanciando deuda de corto plazo para convertirla en deuda de largo plazo, pateando el problema hacia el futuro, maquillando los números para presumir de austeridad. Primero barrió bajo la alfombra y ahora quiere poner su estatua encima. Es un juego burdo, casi insultante. Ahora, con la Ley de Disciplina Financiera que le prohíbe seguir endeudando irresponsablemente, quiere ponerse la medalla de salvador de Michoacán. Es como si un alcohólico que agotó todo el licor de la casa presumiera de sobriedad porque ya no hay nada que beber.

Y todo esto fue posible en un entorno de paz. En seguridad pública, cuando hoy la violencia nos desangra cotidianamente, vale recordar que, según el Sistema Nacional de Seguridad Pública, en 2001 Michoacán ocupó el tercer lugar como entidad segura en el ámbito nacional, solo por debajo de Colima y Tlaxcala. Se implementó el sistema C-4, se creó el Programa Policía de Barrio y los Comités Ciudadanos de Prevención del Delito en cada municipio. Se modernizó la Procuraduría con 484 vehículos, se construyó un hangar para tres helicópteros, se remodeló el stand de tiro y el gimnasio. Se pusieron en marcha centros de readaptación social en Morelia, La Piedad, Zitácuaro, Sahuayo, Zamora, Maravatío y Tacámbaro.

Alfredo Ramírez Bedolla gobierna un Michoacán desangrado por la violencia cotidiana. Los homicidios dolosos, las desapariciones, los enfrentamientos armados, la extorsión al sector productivo son el pan de cada día. El campo michoacano está asfixiado por la inseguridad. ¿Dónde está el desarrollo económico comparable al de Tinoco? ¿Dónde están las nuevas empresas exportadoras, las inversiones extranjeras, la apertura de mercados internacionales? El contraste no podría ser más brutal.

Cada obra está documentada y es verificable. Estamos hablando de infraestructura física que veintitrés años después sigue siendo la columna vertebral del desarrollo michoacano.

Desde mi posición como presidente del PRI en Michoacán, miro estos datos con orgullo, pero también con profunda preocupación. Orgullo porque demuestran de lo que es capaz el priismo cuando gobierna con visión de Estado y no con cálculo electoral. Preocupación porque revelan la magnitud del retroceso que hemos vivido. Dos décadas después de que Tinoco Rubí entregara el gobierno, seguimos usando sus carreteras, sus hospitales, sus escuelas, sus plantas de tratamiento. ¿Qué infraestructura de esa envergadura han dejado sus sucesores? ¿Qué obra estructural perdurará cuando pasen otros veinte años?

Víctor Manuel Tinoco Rubí gobernó con los principios fundacionales de nuestro partido: eficacia administrativa, visión de desarrollo integral, inversión en capital humano e infraestructura física, equilibrio fiscal. No presumía de transformar, transformaba. No prometía conectar, conectaba. No hablaba de bienestar, lo construía ladrillo a ladrillo, kilómetro a kilómetro, aula por aula.

Michoacán merece recuperar esa capacidad de ejecución. Merece un gobierno que cuando termine su gestión pueda señalar con el dedo obras tangibles que cambien la vida de los michoacanos. Merece autoridades que entiendan que la grandeza de una administración no se mide por la intensidad de su propaganda sino por la solidez de su legado físico. Michoacán necesita gobiernos que construyan futuro, no que lo hipotequen.

Tenemos la memoria histórica, tenemos el ejemplo documentado y tenemos el compromiso con un Michoacán que merece volver a ser referente nacional de desarrollo integral. La pregunta es si estamos todos dispuestos a emprender esta Revolución Institucional de las obras sobre las palabras.

¡México y Michoacán merecen una Revolución institucional y Social!

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*Guillermo Valencia Reyes. Es licenciado en Derecho por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Fundador de la Asociación Civil “Revolución Social”. En el terreno político ha sido presidente del Frente Juvenil Revolucionario; diputado en el Congreso del Estado; presidente municipal de Tepalcatepec; y actualmente presidente del Comité Directivo Estatal del PRI y legislador local.

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