“Presidencialismos”. Por Salvador Alejandro Pérez Contreras

Por SALVADOR ALEJANDRO PÉREZ CONTRERAS*

Junto con el parlamentarismo, el presidencialismo es uno de los dos regímenes gubernamentales más comunes a nivel mundial, este último apareció con el primer estado federal de la historia, los Estados Unidos de Norteamérica. México, al alcanzar la independencia política de España, lo incorporó en su primer constitución política, la de 1824.

A partir de esa fecha, el presidencialismo ha conducido los destinos de nuestro país durante casi dos siglos. Ha tenido una cambiante posición ante otros actores a través de los distintos controles que poco a poco se han implementado en México, mismos que se clasifican en jurídicos, administrativos y políticos.

El control al presidencialismo con la existencia de órganos facultados para materializar los límites constitucionalmente establecidos apareció en las constituciones francesa e inglesa con la división de poderes (legislativo, ejecutivo, judicial). Así pues, al límite que por sí mismo supone la división de poderes, se sumó la forma republicana de gobierno, por medio de elecciones periódicas, mandato temporal y no vitalicio.

La división de poderes, sin embargo, desde la instauración del presidencialismo en Norteamérica, más allá de un ordenamiento jurídico, supone ciertas condiciones materiales, asociadas con el presidencialismo si el ejecutivo y el legislativo provienen de fuerzas políticas distintas y existen distintos actores en un sistema de partidos consolidado, no siendo así, se corre el riesgo de que el poder ejecutivo controle al legislativo.

El limite al presidencialismo mexicano se remonta entonces a la implementación  en nuestra Ley Fundamental de 1824, de las tres formas de control: división de poderes; límites temporales, renovación del mandato; y sistema norteamericano de constitucionalidad, de justicia o control constitucional.

Los controles al presidencialismo mexicano forman parte de un conjunto más amplio, control al poder con limitaciones o fiscalizaciones de índole política, judicial y administrativa, incorporándose la justicia constitucional o control de constitucionalidad en nuestro sistema jurídico desde el comienzo de nuestra vida como nación independiente.

Por lo tanto, los controles al presidencialismo mexicano no sólo son producto del tránsito de un sistema de partido a otro o producto de una mayor cultura política democrática y la participación de distintos actores, reemplazo de la autoritaria anterior, sino que también resultan del cambio de un sistema de justicia constitucional por otro y la necesidad de sujetar los actos del Presidente a la Constitución.

Si bien las variables que caracterizaron al presidencialismo mexicano del siglo pasado fueron un sistema de partido hegemónico, elecciones no competitivas, y la politización de la justicia electoral, no debemos pasar por alto que la aparición  de los factores anteriores coincidieron con el cambio de modelo de justicia constitucional y la consolidación de nuestra Suprema Corte como Tribunal Constitucional.

En la actualidad, ante el gran número de actores, el presidencialismo mexicano es un régimen de facultades disminuidas, sin las facultades meta-constitucionales de antes ya que el presidente ha dejado de ser jefe del partido hegemónico y con ello el gran elector de la administración pública, donde asignaba directa o indirectamente miles de cargos públicos, administrativos y de elección popular.

Así pues, la transformación que ha tomado el presidencialismo mexicano del siglo XXI ante otros actores, distinto al del siglo pasado, cambio que apunta a la modificación de la tradicional división de poderes, toda vez que desde 1997, hasta ahora, no había coincidido el partido político del presidente con quien ostenta la mayoría en el legislativo, disminuyéndose la tradicional subordinación del primero hacia el ejecutivo.

Para lograr entender un poco más los orígenes y la evolución de este sistema gubernamental en México, resulta necesario conocer ejemplos concretos de aquellos países pioneros en la implementación del mismo. Como lo mencionamos previamente, el primer estado federalista de la historia fue Estados Unidos de América, para ello este hizo converger las tres variables invocadas: federalismo, senado (bicameralismo) y presidencialismo. Podríamos suponer entonces que este federalismo instaurado en América, latina y anglosajona, sólo es viable con un legislativo bicameral y un ejecutivo presidencial porque así ocurrió en sus orígenes, pero como veremos mas adelante, el federalismo desde sus inicios ha ido evolucionando y perfeccionándose.

De acuerdo con Sartori, el presidencialismo, por mucho, ha funcionado mal. “Con la única excepción de los Estados Unidos, todos los demás sistemas presidenciales han sido frágiles, han sucumbido regularmente ante los golpes de Estado y otras calamidades. Sin embargo, la excepción de los Estados Unidos, aunque aislada, es importante. Además, los Estados Unidos proporcionan el origen del que se derivaron todos los demás sistemas presidenciales”.[1]

El presidencialismo norteamericano, para Sartori, no es un sistema fuerte sino débil, funcional al pragmatismo norteamericano y a su debilitado sistema de partidos: “El sistema estadunidense funciona (a su manera) porque los estadunidenses están decididos a hacerlo funcionar. Es tan sencillo como eso, y por lo mismo, tan difícil. Porque los estadunidenses tienen una maquinaria constitucional diseñada para la parálisis gubernamental, defecto que surge con toda su fuerza cuando se exporta su presidencialismo”.[2]

En el caso de Europa, esta no tiene sistemas presidenciales puros, y no se trata de una decisión deliberada. “Cuando los Estados europeos empezaron a practicar el gobierno constitucional todos (excepto Francia, que se convirtió en República en 1870) eran monarquías; y las monarquías ya tenían un jefe de Estado hereditario. Pero mientras que Europa no daba cabida a los presidentes electos (al menos hasta 1919), en el nuevo mundo casi todos los nuevos países conquistaron su independencia como repúblicas […] y por tanto debieron elegir a sus jefes de Estado, es decir, a sus presidentes. La división entre los sistemas presidenciales y los parlamentarios no resultó, pues, de alguna teoría que debatió si una forma era superior a la otra”.[3]

Entonces, de acuerdo con Sartori, la adopción del régimen presidencial en Latinoamérica obedeció a cuestiones prácticas, inmediatas y no a un debate profundo en torno a las bondades de un sistema sobre otro. Dicho gobierno se adoptó en Latinoamérica y ha funcionado durante varios años toda vez que el legislativo estuvo subordinado al ejecutivo, fue el caso mexicano durante el siglo XX y, por ende, las supervenientes crisis una vez que el legislativo se integró por una fuerza política distinta a la del ejecutivo, eran desconocidas en nuestro continente hasta el arribo de las olas democratizadoras y las transiciones latinoamericanas de finales del siglo pasado.

Estado constitucional de derecho es igual a Constitución, límites y controles al poder. En la constitución constan por escrito los controles, pudiendo ser explícitos o no los límites al poder público, siendo en ocasiones estos últimos el elemento material.

Daremos continuidad en próximas entregas.


[1] Sartori, Giovanni (1994), Ingeniería constitucional comparada. Una investigación de estructuras, incentivos y resultados. México: FCE.

[2] Ibidem.

[3] Ibidem.

———————————————————————————————–

* Salvador Alejandro Pérez Contreras. Es licenciado en Derecho, Maestro en Derecho y Doctor en Derecho. Además de especialidades en Derecho Procesal, Constitucional y Electoral. Se ha desarrollado en órganos electorales de carácter federal y estatal.  Además de funcionario en la Auditoría Superior de Michoacán; secretario técnico en el Poder Legislativo y Secretario Ejecutivo del Consejo para la Implementación del Nuevo Sistema de Justicia Penal en Michoacán.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *