Concluye el Festival Internacional de Danza Contemporánea


Redacción/La Página.
Morelia, Michoacán.-Después de once días de celebración dedicadas a la danza con coreografías nacionales y extranjeras, llegó a su fin el XV Festival Internacional de Danza Contemporánea de Michoacán. La última función estuvo a cargo de la compañía canadiense integrada por los directores Suzanne Miller y Allan Paivio Productions con la puesta escénica “Speed”.
En el marco del acto de clausura, Raúl Olmos Torres, director de Promoción y  Fomento Cultural de la Secretaría de Cultura en Michoacán (SECUM), realizó el cierre oficial del evento. “Nos da mucho gusto que la danza tenga un buen recibimiento entre los jóvenes, la buena respuesta obtenida tanto en el interior del estado como en esta ciudad nos alienta a continuar las políticas de descentralización de la cultura en los 113 municipios”.
Exhortó a la comunidad de bailarines locales a hacer un compás de espera para la próxima edición del festival y a acercarse al Departamento de Danza de la dependencia, dirigido por Cardiela Amezcua Luna, a manifestar sus inquietudes de manera permanente.
La edición XV del Festival Internacional de Danza Contemporánea de Michoacán fue resultado del trabajo coordinado entre el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA), la Secretaría de Cultura de Michoacán, el Centro Regional de las Artes en Zamora, la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH), el Instituto Nacional de Bellas Ates (INBA) y el Programa Bellas Artes a Todas Partes.
Con “Speed” la pareja de bailarines Karsten Kroll y Magali Stoll cerró las presentaciones en el Foro La Bodega, quienes interpretaron a dos sujetos que desarrollan una serie de montajes breves ubicándose en distintos puntos del escenario y luego los replantean con ajustes en la velocidad de su ejecución.
Iniciaron así con un conjunto de movimientos muy lentos, en sincronía con la música diseñada por el mismo Paivio. Es precisamente el elemento sonoro lo que marca la pauta para acelerar o disminuir la velocidad de los movimientos, una combinación de algunos acordes musicales envuelta en efectos prefabricados, entre éstos el ruido del viento, del agua que corre, de aparatos electrodomésticos, de automóviles que transitan sobre las calles y voces grabadas e incomprensibles en sus mensajes.
Debido a la lentitud de los movimientos, la primera parte del montaje semeja el modo dancístico de permanecer dentro del imaginario frasco de miel, de repente alguna extremidad se torna trémula, pero todo es intensamente suave y los estiramientos musculares permiten apreciar la excelente condición física de ambos bailarines.
Es la velocidad conferida a cada segmento de la coreografía lo que en conjunto caracteriza al montaje.
Por instantes abandonan la libertad de posturas orgánicas en la modalidad de la danza contemporánea para adoptar figuras derivadas de la técnica del ballet clásico, que una vez ejecutadas a una velocidad rápida en la segunda parte del planteamiento, y con gesticulaciones exageradas en sus rostros, genera las risas espontáneas del público. Pero de inmediato entran a un estado de ánimo de tensión  y entonces realizan movimientos enérgicos de contacto físico, evocan a la fragilidad de los cuerpos y su constante necesidad de hacer ajustes  en la velocidad de sus vidas.
Así es “Speed”, una coreografía donde destacan los “efectos kinestésicos, psicológicos, dramáticos y biodinámicos de la variación  del tiempo sobre el movimiento y el sonido”, de acuerdo con la descripción proporcionada a la audiencia en el programa de mano. Los directores trabajan juntos desde 1998, ha tenido presentaciones en países como Estados Unidos, Venezuela, Alemania, Holanda, República Checa, Jordania, Palestina e Israel.

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