Por Laura Sillas .
Nunca antes las manifestaciones artísticas se habían permitido tantas licencias como en la actualidad, el arte en Morelia hoy posee un espacio para generar nuevas formas de expresión, se trata de la Galería Kitsch un lugar autónomo que promueve las consignas primitivas del arte: sentir, intercambiar y experimentar.
La Galería Kitsch, ubicada en el Centro de Morelia, en la calle Eduardo Ruíz, No. 559, es un espacio de convivencia, reflexión y exhibición de los temas que ocupan a artistas, promotores y espectadores. Se propone ser punto de encuentro de la diversidad estilística del momento.
A decir de Mariela Rodríguez, Coordinadora de la Galería Kitsch, el proyecto está destinado a la exposición, promoción y venta de obras para vincular la relación entre artistas, promotores, investigadores y público en general. La exposición pictórica inaugural de los maestros Elías Velázquez y Rafael Flores es invitación abierta para conocer lo que se hace en la ciudad, lo que somos capaces de percibir cuando nos internamos más allá de las formas, los conceptos y llevamos los ojos hacia adentro.
Del término Kitsch se dice mucho pero se conoce poco sus alcances, la palabra se ha difundido fácilmente y resulta agradable al oído, lo Kitsch es del dominio artístico aunque no exclusivo de este contexto. Polisémico, complejo y convenenciero es un concepto que la estética problematiza sin poder quitarle el conocido sentido de lo –cursi- o del -mal gusto- en las artes.
Para Mariela Rodríguez lo Kitsch puede ser y no, un fenómeno cultural, una tendencia en pugna por establecer nuevas formas de ver, sentir y denominar a las artes del siglo XXI. Es como la historia lo constata en su ir y venir, un forcejeo constante para ganarle terreno al arte ya consagrado.
El concepto es acuñado en alemán desde finales del siglo XIX como adjetivo peyorativo para referirse al arte que no se sabe bien si lo es, pero posee características que lo hacen parecer, tiene un “algo” o un “pero” que no lo deja pertenecer de lleno, a falta de otra palabra para definir ese tipo de manifestaciones se pone de moda entre críticos y especialistas. El término también ha sido empleado para sugerir la –copia- o imitación de lo artístico, ya sea en contenido, forma o materiales.
Las acepciones anteriores dejan entrever tres asuntos: la incómoda postura para enjuiciar el buen y el mal arte, el buen gusto y el mal gusto. La idea de que todo arte que no sea de un renombrado artista (de preferencia muerto) es copia mal lograda y por último, la exclusividad histórica con la que el mundo del arte involucra a unos cuantos en el rol de: aparador, espectador, productor o consumidor.
Hasta hoy, no existe acuerdo para aclarar el panorama sobre dicha encrucijada, lo que se puede afirmar es que lo Kitsch está en construcción y como la misma sociedad que lo origina es indefinido y versátil. Es capaz de mezclar diversos estilos, ideas y corrientes ideológicas sin dejar de ser coherente para sí mismo. No es solemne, culto o elitista, por el contrario es popular, cotidiano, sin lugar fijo ni predeterminado, es una manifestación suelta de normas para funcionar. Una mofa, una opción, una contestación, una reacción a la masificación de las artes o un sustituto del mismo ante la imposibilidad de acceder al círculo de las históricas bellas artes.
Todo objeto con cualidades artísticas que no se encuentra legitimado por algún organismo, institución, canon artístico o por la persistencia de la memoria puede ser en palabra sencilla y resumida: Kitsch= producto de la posmodernidad capaz de ser como quiera ser, en el infinito mundo del arte.
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